La pregunta de un reportero en la conferencia del pueblo (07/01/2026),
en torno al cuestionamiento de Sergio Sarmiento para dejar de recordar el
desastroso capítulo del gobierno del PAN que tuvo en Felipe Calderón al
principal cancerbero que convirtió al país en una fosa común, con su guerra en
contra del narcotráfico liderada por un narco hoy preso en Estados Unidos, me
devolvió el recuerdo que he compartido en otra ocasión: hace varios años, una
amiga, orgullosa priista, al comentarle algunos hechos acaecidos durante los
gobiernos del PRI y el PAN, me dijo cortante “eso ya pasó”. No me callé, no
acostumbro hacerlo, regresé sobre el tema.
Quienes nos educamos en el contexto de las ciencias sociales, sabemos la
importancia que el pasado tiene, no solo en nuestros estudios académicos, sino
también en nuestras concepciones y análisis de la realidad. Los estudios
antropológicos, el trabajo de campo es fundamental para establecer patrones y
puntos de partida desde la realidad de nuestros sujetos de estudio, es decir, de
las personas con quienes trabajamos, me dieron la posibilidad de observar el
comportamiento de las personas -3 dimensiones, como plantearía Bronislaw
Malinowski en su extraordinaria obra Los
argonautas del Pacífico occidental- y tener una idea de su realidad
individual y colectiva. También, mostraron la importancia que el pasado tiene.
El pasado importa. No es que la 4T, AMLO y Claudia Sheinbaum se aferren.
Es porque nuestra realidad actual está sujeta a ese pasado, lo que muchas
políticas públicas –seguridad, derechos sociales, etc.- intentan cambiar. Por ejemplo,
durante 36 años -4 sexenios priistas y dos panistas- los gobiernos neoliberales
hundieron en la pobreza a millones de mexicanos, mientras unos pocos amasaban
inmensas fortunas personales y familiares con dinero público y políticas
gubernamentales que los favorecían. En los pasados siete años, el aumento a los
salarios mínimos y las políticas sociales del gobierno de la 4T, lograron dos
hazañas: 13.5 millones de personas salieron de la pobreza y muchos, según el
Banco Mundial, se ubican actualmente en los sectores de clase media mexicanos.
La movilidad social volvió a ser una palanca del bienestar.
Asimismo, la guerra emprendida por Felipe Calderón, supuestamente en
contra del narco, encabezada por un narco, sumió al país en la oscuridad de matanzas,
ejecuciones extrajudiciales, asesinatos, desapariciones, reclutamiento de
jóvenes, crecimiento de las adicciones, entre otros hechos. Los sexenios del
cancerbero Felipe Calderón y el corrupto Enrique Peña Nieto, nada hicieron por
detener la guerra desatada por el panista Calderón. Aunque Genaro García Luna
no continuó como funcionario público, fundó una serie de empresas y obtuvo
contratos que lo volvieron multimillonario, incluidos algunos socios/as que hoy
están siendo detenidos. La guerra contra el narco, no solo hizo millonarios a
unos cuantos, sino también convirtió al país en una fosa clandestina. Los desaparecidos
de ayer y de hoy son parte de esa guerra.
El pasado importa, porque recordarlo y tenerlo presente es decirles a
las actuales generaciones que el país enfrenta retos y situaciones que no
surgieron de la nada, sino de lo que los gobiernos anteriores del PRI y el PAN
hicieron. No se trata de horrorizar a nadie. Suficiente tuvimos quienes vivimos
esa etapa. Acteal, Lomas de Salvarcar, San Fernando, TecMonterrey, etc., son
solo algunos episodios que este escribano observó con horror. Y las matanzas
diarias que los medios corporativos golpistas ocultaron mediante un acuerdo con
el narcogobierno de Calderón. No es que ese pasado nos persiga inexorablemente.
Es solo que el pasado importa, porque recordando nos percatamos que México no
se bañó de sangre de la nada. Felipe Calderón, Genaro García Luna y otros
cancerberos del PAN y el PRI, convirtieron a este país en una “amenaza” para
Trump. Es decir, un pretexto para invadir México, un pretexto más de la derecha
antipatriota para hacer de México una colonia sometida a un imperio decadente.