martes, 14 de abril de 2026

Trans, travestis y gays

 

En Morelia ha vuelto a suceder un asesinato en contra de una mujer trans. No es el primero. En Michoacán el transfeminicidio sucede regularmente. Las autoridades dirán que fue un asunto ligado a los afectos de la asesinada, pero no reconocerán que fue en contra de una mujer transexual, una mujer que vivía su cotidianidad como su vida genérica lo exigía. En algunos casos, sus parejas, hombres heterosexuales, casados o solteros, son quienes, como en algunas situaciones heterosexuales, tienen más que ver. Las mujeres transexuales, travestis y los gays son altamente vulnerables, sobre todo porque el patriarcado impone sentencias de muerte en contra de la diversidad sexogenérica.

Morelia, no solo es heredera de un conservadurismo extremo, sino también de un odio en contra de la diferencia sexogenérica. Mientras hay zonas morelianas en las que las situaciones swinger son muy comunes –mi colonia, ante mi estupefacción es un área swinger de gran actividad-, y relevantes, en las que los intercambios sexuales entre hombres y mujeres, son comunes, persiste un rechazo a la comunidad LGTB+. No me asombra la presencia de mujeres trans y tv. En Una ocasión me topé con una hermosa mujer trans con un atuendo y un bolso que superaría a cualquier mujer heterosexual en cuanto a vestimenta y feminidad.

No es que cuestione a las mujeres con vagina biológica, pero su odio en contra de las mujeres trans y travestis es enfermiza. Muchas me lo han expresado, a pesar de no tener, desde hace mucho, una pareja hombre heterosexual. Además, he sabido de varios hombres casados y solteros que les gustan mucho las mujeres transexuales y travestis. No se si gozan más del sexo con estas parejas respecto a sus parejas con vaginas, pero si las frecuentan. El asesinato de Daniela, una mujer trans, no solo fue particularmente violento, sino que exhibe al patriarcado en su profundo odio a la diferencia heteronormativa. Las mujeres trans y tv, no son diferentes, excepto por su anatomía, a otras personas, a otros humanos.

La humanidad está actualmente tan vulnerable y devaluada, que entre la comunidad LGBT+ reproducen ese maldito rechazo. Nunca acudiré a marchas o lo que sea, porque son una representación de esa vulnerabilidad solo cuando sucede un crimen homofóbico. No cuestiono a esa comunidad, solo constato un hecho. La solidaridad LGBT+ solo aparece cuando una de sus integrantes, como en el caso de Daniela, perece en circunstancias ominosas, crueles, espantosas. Diré algo muy fuerte: si esa comunidad la hubiese acompañado o si esta mujer no se hubiese confiado de esos hombres heterosexuales y heteronormativos, su vida hubiese sido diferente. La marcha para esclarecer su transfeminicidio es fundamental, pero es una lucha que no termina.

A Daniela no la asesinó un amante transfeminicida y heteronormativo, sino un hombre que finalmente la odiaba y se odiaba. Esa es la ruptura que la comunidad LGBT+ debe romper un día. Marchar por exigir al gobierno y la fiscalía –una entidad autónoma- es fundamental, pero la comunidad LGBT+ tiene que exponer a sus miembros que el heteropatriarcado sigue vigente. No se si Daniela tenía una pareja hetero, pero es obvio que su asesinato, violencia y donde su cuerpo fue encontrado perfila un transfeminicidio. Un hombre hetero a quien la violencia en contra de una mujer trans no le era ajena. Un hombre hetero que seguro violentó a una mujer hetero, no le fue difícil asesinar a una mujer trans.

En Morelia, no es difícil violentar a una persona LGBT+, porque los hombres que suelen andar con personas de este conglomerado, jamás se cuestionan su heteronormatividad. Son hombres que violentan a mujeres y personas LGBT+. El problema es que la gente de esta comunidad les siga creyendo. Pero el patriarcado heteronormativo no cambia porque un hombre heterosexual diga lo contrario. No es un asunto de desconfianza. Es de vulnerabilidad y sobrevivencia.

domingo, 15 de marzo de 2026

La restauración del pinochetismo

 

En 1973, un cruento golpe de Estado en Chile, que incluyó el asesinato del presidente Salvador Allende, electo democráticamente en las urnas del país andino, cimbró América Latina, porque arribó a un país hermano una de las dictaduras más sangrientas y asesinas. Cientos, sino es que miles, de chilenos fueron masacrados y otros tantos tuvieron que huir de su país ante el temor de ser asesinados. Muchos se refugiaron en México, país que siempre ha mostrado signos de solidaridad con los hermanos latinoamericanos. Pero en este mes, finalmente arribó un negacionista de la dictadura cobarde y asesina, un pinochetista, que, paradójicamente, ocupa la presidencia de Chile, votado mayoritariamente por el pueblo chileno. La restauración del pinochetismo decidido por los chilenos. Parece una locura.

No es el único caso. En Bolivia, Ecuador, Honduras, Costa Rica, entre otros países latinoamericanos, la gente va a las urnas, siguiendo las reglas de la democracia burguesa, y vota por la derecha. Algo sucede con los pueblos, algo va mal en la moral y ética de los ciudadanos. ¿No distinguen entre dictadura y democracia? ¿No alcanzan a ver la ruptura moral y ética entre derecha e izquierda? ¿Los derechos alcanzados, producto de luchas democráticas, deben ser revertidos? ¿Acaso el conservadurismo gana en las urnas porque la izquierda y el progresismo son obtusos? La democracia burguesa es sin duda un gran sistema, el problema es que se ha convertido en una mercancía más, no en un valor humano.

En Chile, le guste o no a Gabriel Boric, presidente saliente, y a sus mínimos seguidores, la izquierda gobernante fue un fracaso, estridente. Durante su mandato, se dedicó a normalizar el conservadurismo y el pinochetismo. El caso de la etnia Mapuche, es solo un ejemplo de los errores de esa izquierda universitaria que no salió del ámbito universitario. Supuso que gobernar un país en el que la derecha y el fascismo es una realidad, era una consigna universitaria. De este modo, oponiéndose a las conquistas de los movimientos sociales que lucharon por derechos fundamentales, pavimentó la restauración del pinochetismo. No tuvo un programa social y político transformador. Boric, prefirió montarse en la derecha realmente gobernante.

Ahora bien, Chile es el ejemplo de tres fracasos: a) la izquierda universitaria que jamás aprendió a gobernar para las mayorías y que nunca emprendió un proyecto transformador; b) esa izquierda nunca promovió, ideológica, ética y políticamente, una consciencia política entre la ciudadanía que de seguro esperaba algo diferente, y c) la izquierda chilena universitaria no aprendió de su historia previa, en la que Salvador Allende puso el ejemplo en América Latina, lo que para Boric parece que fue un error. El pinochetismo regresó a Chile por los errores, inoperancia y torpeza de un gobierno de izquierda, el cual desconoció su pasado de lucha. Boric no hizo el menor esfuerzo por promover una transformación profunda de la sociedad chilena.

Con todo, el pinochetismo no solo regresó por la torpeza de Gabriel Boric y su inoperante gobierno, sino también por una población cuya consciencia histórica desvaría ante el impacto del pinochetismo. Al parecer, los muertos de la dictadura pinochetista no fueron tan importantes para que los chilenos, en su postura en contra de un torpe presidente de izquierda, no reaccionaran por la continuidad de un proyecto progresista. No hay que olvidar que Chile fue también el mejor lugar para poner en práctica el neoliberalismo de los Chicago Boys. Y el modeló sigue vigente y es parte de la cotidianeidad de millones de chilenos: salud, educación, derechos, todo determinado por el capitalismo salvaje. Los chilenos avanzaron mucho en la conquista de algunos derechos, pero el problema es que el gobierno de Boric no hizo más para profundizar los procesos a favor de las mayorías. El gobierno de Boric tendrá que ser una importante lección para otros gobiernos latinoamericanos. No ceder, no extraviar. Los ciudadanos son primero.