domingo, 28 de junio de 2026

Las torcidas plumas del periodismo en México

 

Tanto las plumas de los escribanos de la prensa corporativa golpista, como algunas de los articulistas de la izquierda buenaondita, plasman en sus publicaciones periodísticas lo retorcido de sus opiniones. Como en otros espacios lo he planteado, los extremos se tocan. En general, la derecha grita en todos sus espacios que México está a la deriva. Y el dueño de TvAzteca afirmó que, si “los zurdos” no se van, habrá que sacarlos con violencia. Es decir, el delincuente fiscal Ricardo Salinas Pliego, se envalentona en su fascismo, llamando a violentar el país. Por su parte, algunos sectores de la izquierda buenaondita, no dejan de justificar y promover el extremismo y la violencia de la CNTE.

En los últimos días, en La Jornada, periódico cuyos articulistas y reporteros oscilan entre cierta izquierda y la derecha, dejando atrás el proyecto progresista original que forjó este periódico, han dado espacio a diversos opinadores, habituales, invitados y pagados por el periódico, que coinciden en rechazar la supuesta estigmatización de la CNTE y la promoción facilona de la violencia que este sindicato ha mostrado en sus movilizaciones en la CDMX. Luis Hernández Navarro, editor del diario, publicó el 09/06/2026 un artículo en el que hace un recuento de algunas movilizaciones en distintos lugares del país por distintos problemas. Lo que no dice es que su sola actividad no hace de México un polvorín.

Asimismo, Julio Hernández López, conocido también como Julio Astillero, alienta y justifica la radicalización de la CNTE. Al parecer, a este periodista le importaría mucho que la CNTE detone la caída de la 4T y la presidenta de México, en el contexto de presiones de todo tipo de Estados Unidos y las derechas mexicana e internacional. La indignación de Astillero tiene mucho que ver con su activismo ambientalista. Ha denostado hasta el cansancio a la titular de SEMANART porque pasó un año desde que prometió que iría a la bahía de Ohuira, y nunca llegó. Por supuesto que es cuestionable la actitud de la secretaria Bárcena, pero igual es de problemático esa izquierda buenaondita que alienta una rebelión de masas donde no existe tal alzamiento.

En el caso del periodismo de derecha, la semana pasada nos obsequió dos perlas: un extracto de una entrevista, publicada por El Universal, en la que se denosta al fallecido gran escritor de izquierda Carlos Monsiváis, y a AMLO, expresidente de México. Con varios agregados, hace decir a Monsiváis que AMLO hacia cualquier cosa por dinero, además de cuestionar su sexualidad, a partir del supuesto dicho del escritor sobre una relación inexistente con AMLO, además de que se demostró que para ese momento en que supuestamente pasaron “deliciosas noches”, ni se conocía. Tuvo que salir la familia del escritor a aclarar al pasquín El Universal, negando que se dieran tales hechos y el periódico retiró la entrevista y ofreció disculpas, ante la amenaza de acciones legales.

Igualmente, en el diario Excélsior, una periodista que según se dice con larga trayectoria, publicó una larga nota sobre un supuesto hijo del senador Fernández Noroña, aduciendo que el joven ganaba 80 mil pesos y era producto del nepotismo. La propia periodista tuvo que salir a aclarar que su texto era de su exclusiva responsabilidad, pero que se basaba en rumores y supuestos dichos del senador y su equipo de trabajo. El desmentido llegó rápido: la mamá del supuesto hijo de Noroña aclaró que jamás había tenido una relación con el senador y que el joven era hijo suyo y de padre, planteando claramente el dolo de la periodista y del periódico que publicó el infundio.

En todos estos casos, los más patéticos resultaron algunos “analistas” de la izquierda buenaondita. Unos reposteando las notas, sin aceptar, después de los desmentidos, que se equivocaron, y otros defendiendo a los pseudoperiodistas que habían escrito los textos. Es el caso, por ejemplo, de un señor llamado Ricardo Balderas, quien en el espacio youtubero de Jesús Escobar Tovar, arguyó que el senador se tenía que hacer cargo de sus dichos, defendiendo así a la pseudoperiodista.

sábado, 13 de junio de 2026

Académicos, intelectuales y la 4T

 Con muy pocas excepciones –véase el reciente encuentro del Centro de Análisis de Coyuntura Económica, Política y Social de la UNAM-, los académicos e intelectuales mexicanos se han cuidado de expresar, debatir, documentar y analizar la actual coyuntura política en la que la amenaza de Estados Unidos a nuestro país es impactante. Solo entre analistas, incluidos algunos académicos, periodistas, que suelen publicar o participar en programas online en redes sociales, se advierte una cierta preocupación sobre una eventual invasión armada ordenada por Donald Trump, poniendo como ejemplo lo sucedido en Venezuela y la coacción esquizofrénica en contra de Cuba. Mientras, la academia mexicana se retuerce en sus odios en contra de la 4T, en particular hacia AMLO, el primer presidente de la 4T que cambió muchos de los términos en los que los académicos se habían anquilosado en sus torres de marfil.

En otros textos he planteado que, aunque las elites académicas e intelectuales lo rechacen, durante el periodo neoliberal, grupúsculos de académicos se conformaron y convirtieron en dominantes en las universidades públicas, incluyendo algunos en universidades privadas que actualmente están a la espera de resoluciones judiciales en las que pretenden recuperar sus privilegios perdidos. Construyeron sus torres de marfil, recibieron becas y apoyos para emprender programas de investigación, algunos hoy muy importantes, pero que les sirvieron para pertrecharse en narrativas que intentan eximirlos de su derechización. Buena parte de la academia mexicana se derechizó, resistiendo algunos sectores de izquierda que actualmente resurgen como críticos de la 4T, acompañando, de algún modo, el golpeteo de la derecha académica, política, intelectual periodística.

Sin duda, el neoliberalismo, como ideología política que privilegió el individualismo y el saqueo, así como política económica que cimbró las bases económicas del viejo régimen, se fue imponiendo durante al menos tres décadas en México. En el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, recuerdo bien cómo entre algunos sectores académicos y profesionales se exalto la idea de que la gente tenía que estar “preparada” para el primer mundo. Era la promesa ideológica y política del corrupto Salinas, lo que jamás llegó. Pero entre muchos académicos e intelectuales dejó huella. No importó la debacle de inicios del gobierno de Ernesto Zedillo, sino que se siguió suponiendo que el neoliberalismo era la respuesta al oscurantismo del PRI. Con el PAN en los siguientes 12 años, el mundo académico conoció la prosperidad que esperaba desde hacía años. Muchos, en lo individual y en lo grupal, aplaudieron las nuevas normativas del CONACYT y de las universidades públicas en las que se repartieron los recursos públicos excesivamente generosos.

Los académicos e intelectuales fueron conformando, en las universidades públicas, una serie de grupos que se encerraron en sí mismos, organizando posgrados y grupos de investigación cerrados y exclusivos para unos pocos, además de acoger a académicos extranjeros –no estoy en contra de atraer investigadores extranjeros, pero debe de haber ciertos criterios- que se habían acercado a esos grupos privilegiados, además de tener parejas mexicanas que sirvieron para justificar su permanencia en México. Recuerdo bien cómo en algunas áreas de conocimiento, como las física-matemáticas, varios extranjeros pululaban en las universidades públicas e incluso se casaron con mujeres indígenas, solo para justificar su presencia. No dudo que se hayan enamorado de esas mujeres, pero fueron el perfecto justificante para tener privilegios en algunas universidades públicas.

Muchos académicos e intelectuales mexicanos han construido durante décadas torres de marfil para apropiarse de recursos públicos. Lo sé de primera mano, no porque haya sido miembro de alguna universidad pública, sino porque vi a muchos colegas vivir con privilegios de todo tipo.