En Morelia ha vuelto a suceder un asesinato en contra de una mujer
trans. No es el primero. En Michoacán el transfeminicidio sucede regularmente.
Las autoridades dirán que fue un asunto ligado a los afectos de la asesinada,
pero no reconocerán que fue en contra de una mujer transexual, una mujer que vivía
su cotidianidad como su vida genérica lo exigía. En algunos casos, sus parejas,
hombres heterosexuales, casados o solteros, son quienes, como en algunas situaciones
heterosexuales, tienen más que ver. Las mujeres transexuales, travestis y los
gays son altamente vulnerables, sobre todo porque el patriarcado impone
sentencias de muerte en contra de la diversidad sexogenérica.
Morelia, no solo es heredera de un conservadurismo extremo, sino también
de un odio en contra de la diferencia sexogenérica. Mientras hay zonas
morelianas en las que las situaciones swinger son muy comunes –mi colonia, ante
mi estupefacción es un área swinger de gran actividad-, y relevantes, en las
que los intercambios sexuales entre hombres y mujeres, son comunes, persiste un
rechazo a la comunidad LGTB+. No me asombra la presencia de mujeres trans y tv.
En Una ocasión me topé con una hermosa mujer trans con un atuendo y un bolso
que superaría a cualquier mujer heterosexual en cuanto a vestimenta y
feminidad.
No es que cuestione a las mujeres con vagina biológica, pero su odio en
contra de las mujeres trans y travestis es enfermiza. Muchas me lo han
expresado, a pesar de no tener, desde hace mucho, una pareja hombre
heterosexual. Además, he sabido de varios hombres casados y solteros que les
gustan mucho las mujeres transexuales y travestis. No se si gozan más del sexo con
estas parejas respecto a sus parejas con vaginas, pero si las frecuentan. El
asesinato de Daniela, una mujer trans, no solo fue particularmente violento,
sino que exhibe al patriarcado en su profundo odio a la diferencia heteronormativa.
Las mujeres trans y tv, no son diferentes, excepto por su anatomía, a otras
personas, a otros humanos.
La humanidad está actualmente tan vulnerable y devaluada, que entre la
comunidad LGBT+ reproducen ese maldito rechazo. Nunca acudiré a marchas o lo
que sea, porque son una representación de esa vulnerabilidad solo cuando sucede
un crimen homofóbico. No cuestiono a esa comunidad, solo constato un hecho. La solidaridad
LGBT+ solo aparece cuando una de sus integrantes, como en el caso de Daniela,
perece en circunstancias ominosas, crueles, espantosas. Diré algo muy fuerte: si
esa comunidad la hubiese acompañado o si esta mujer no se hubiese confiado de
esos hombres heterosexuales y heteronormativos, su vida hubiese sido diferente.
La marcha para esclarecer su transfeminicidio es fundamental, pero es una lucha
que no termina.
A Daniela no la asesinó un amante transfeminicida y heteronormativo, sino
un hombre que finalmente la odiaba y se odiaba. Esa es la ruptura que la
comunidad LGBT+ debe romper un día. Marchar por exigir al gobierno y la
fiscalía –una entidad autónoma- es fundamental, pero la comunidad LGBT+ tiene que
exponer a sus miembros que el heteropatriarcado sigue vigente. No se si Daniela
tenía una pareja hetero, pero es obvio que su asesinato, violencia y donde su
cuerpo fue encontrado perfila un transfeminicidio. Un hombre hetero a quien la
violencia en contra de una mujer trans no le era ajena. Un hombre hetero que
seguro violentó a una mujer hetero, no le fue difícil asesinar a una mujer
trans.
En Morelia, no es difícil violentar a una persona LGBT+, porque los
hombres que suelen andar con personas de este conglomerado, jamás se cuestionan
su heteronormatividad. Son hombres que violentan a mujeres y personas LGBT+. El
problema es que la gente de esta comunidad les siga creyendo. Pero el patriarcado
heteronormativo no cambia porque un hombre heterosexual diga lo contrario. No es
un asunto de desconfianza. Es de vulnerabilidad y sobrevivencia.