sábado, 7 de febrero de 2026

Fascismo mediático

 

El ministro presidente de la SCJN, participó en Querétaro, en el contexto de la reunión de aniversario de la Constitución de 1917, una situación un tanto inapropiada. Permitió que dos de sus asistentes, ante un incidente de café y crema que le cayeron en los zapatos, se agacharan a limpiárselos. La nota principal fue publicada por La Jornada, cuyo reportero describió el hecho como algo insólito, pero no escandalizó al respecto. La derecha fascista y sus medios corporativos, en cambio, han iniciado un golpeteo político e ideológico, tachando al ministro Aguilar de “racista”. Un indígena racista, pero el fascismo mediático se olvida que el racismo inverso no existe y que el ministro llegó a la SCJN por el voto popular. Los medios corporativos, desde antes de la elección del actual Poder Judicial, enfilaron una campaña porque su favorita SCJN anterior, ocupada por blancos y egresados de universidades elitistas, cuyos escandalosos privilegios han sido exhibidos, pero de los que la comentocracia privilegiada nada ha dicho.

Leer o escuchar los exabruptos de Azucena Uresti, Joaquín López Doriga, Adela Micha, entre otros, no aguantan el análisis. Son una serie de improperios, insultos y descalificaciones en contra de un hombre de los pueblos originarios que actualmente ocupa la presidencia de la SCJN. Por supuesto, el ministro presidente debió de haber evitado inmediatamente que sus asistentes hicieran lo que hicieron, pero fue una equivocación que no se justifica con los improperios de la derecha. Hace un par de semanas, las lujosas camionetas que el área administrativa había adquirido, provocó un escándalo mediático, en el incluso resaltó que el periódico Reforma había alterado los costos para hacer su nota periodística más escandalosa. Lo que está claro, en esta nueva etapa del Poder Judicial, y en particular de la SCJN, es la extrema vigilancia del fascismo mexicano sobre sus integrantes, pues extrañan a la anterior SCJN que les prodigaba amparos y privilegios. El mejor ejemplo es del deudor fiscal Ricardo Salinas Pliego, quien sigue debiendo más de 30 mil millones de pesos.

No hay disculpa para el suceso en el que sus asistentes reaccionaron de manera negativa, sin prever que los medios corporativos, de derecha e izquierda, los están vigilando, tampoco en el hecho de que el ministro presidente no se haya deslindado en el momento de una situación que posteriormente les dio a los medios fascistas nota, que se convirtió en insultos e improperios. A los medios corporativos golpistas no les interesan las disculpas y explicaciones que después ofreció el ministro Aguilar. El hecho es que están buscando escandalizar lo que sea para ocultar otros asuntos, como las listas de mexicanos y mexicanas, sobre todo empresarios y miembros de las elites económicas, en los archivos de Jeffrey Epstein, el conocido pedófilo y pederasta que solía invitar a los oligarcas y políticos de todo el mundo a compartir sus perversiones y abusos en contra de mujeres y menores de edad. En ningún medio corporativo, se han revisado esas listas. Sin duda, aparecer en esos archivos a nadie hace culpable de los crímenes sexuales de Epstein, pero la sospecha se alimenta.

El desvarío de ministro Aguilar fue un buen pretexto para enfilar un nuevo ataque racista, clasista y discriminatorio en contra de un personaje que sin ambages se ha declarado oriundo de los pueblos originarios de este país. La andanada de insultos e improperios son parte de un escándalo mediático que busca desautorizar a la nueva SCJN. Los medios corporativos golpistas necesitan a la anterior SCJN porque su blanquitud les autorizaba otorgar privilegios a los oligarcas y a otras elites mediáticas. El presidente de la SCJN tendrá que estar más atento a las situaciones en las que se involucra. Su investidura lo exige y su arribo al máximo cargo del Poder Judicial, debe estar más allá de cualquier diatriba y cuestionamiento insano y escandalosamente mediático de los fascistas parapetados en los medios corporativos golpistas.

Los archivos Epstein

 

Según el Departamento de Estado de Estados Unidos, finalmente salieron a la luz pública los últimos archivos de Jeffrey Epstein. Lo hasta ahora publicado, porque seguro fueron expurgados con la finalidad de desvanecer a uno de los protagonistas hoy en entredicho, revelan muchos escenarios: pedofilia, pederastia, elites coludidas, manejo de fortunas sin origen claro, políticos de diversas latitudes participando en las cenas del pedófilo, inversores ávidos de dividendos, cómplices ignorando al pedófilo y manipulación de documentos. Es el caso del nombre de AMLO, el cual aparece citado, pero como parte de una solicitud de información de la justicia estadounidense, no como parte del entramado de la basura Epstein. Quien le crea a la basura Chumel Torres, retuiteado por el fascista sionista Enrique Krauze, es lamentable. Son la basura de la derecha y la ultraderecha mexicana que pretenden dar golpes de imbecilidad diariamente.

A la par de su meteórica carrera financiara y multimillonaria vida, Epstein fue tejiendo una red de pederastia y pedofilia en la que muchos oligarcas participaban. En particular de Estados Unidos, pero hoy se conocen nombres de otras nacionalidades. Como lo he suscrito en otros lados, no todos los nombres que aparecen en los archivos Epstein pueden ser tildados de pederastas y pedófilos, pero al menos de cómplices sí. Porque, según testimonios de diversos personajes, en los círculos financieros y delincuenciales se sabía de los perversos apetitos sexuales de Epstein por cierto tipo de mujeres: menores de edad. Asimismo, eran conocidas sus fiestas en la isla de su propiedad, las cuales no eran unas simples reuniones con políticos, oligarcas, financieros y amigos íntimos, sino escenarios donde el abuso de mujeres y menores de edad era la regla. El señor Epstein tenía a un selecto grupo de amistades, multimillonarios y políticos, que compartían su pasión pederasta y pedófila. Abusar de mujeres y menores de edad saciaba sus apetitos.

La pedofilia y la pederastia no son privativas de las oligarquías, los políticos poderosos y otros personajes. Ahora se sabe que Epstein mantenía cercana correspondencia con académicos e intelectuales de diverso origen ideológico y político. Tampoco significa que todos fueran pederastas y pedófilos, pero confirma su complicidad. La diferencia crucial con el pederasta y el pedófilo de poca monta, desclasado, a veces marginal, radica en que las elites tienen poder económico y político, el cual ejercen de manera invariable sobre los y las vulnerables. Son hombres y, a veces, mujeres a quienes no se les tienta el corazón abusar de niños, niñas y otras mujeres de edad. Saben cómo ejercer sus más bajos instintos humanos –porque son humanos, nos guste o no y son parte de la evolución de la humanidad como especie dominante, aunque no se sabe de especies supuestamente inferiores pederastas y pedófilas- porque el poder económico y político les da la oportunidad de hacerlo.

Jeffrey Epstein, estadounidense de origen judío, nunca se limitó ante las barreras religiosas e ideológicas -¿psicológicas?- que sus perversiones le dictaron. No sabemos muchos de sus perversiones previas a su consolidación financiera y amigo de oligarcas y políticos, pero es seguro que, desde joven, esa pulsión pederasta y pedófila lo acompañó. Y la ejerció. La pederastia y la pedofilia son pulsiones que llevan a muchos individuos a abusar de menores de edad –niños o niñas- y a justificar sus acciones –como Sergio Sarmiento, el defensor del deudor fiscal Ricardo Salinas Pliego, quien aparece al menos 77 veces en los archivos Epstein- como “amor” por los menores de edad. Dicen que nadie debería impedirles expresar ese “amor”. Lo que en realidad señalan es que abusar de menores de edad debería ser una regla. Si bien, el origen socioeconómico y étnico no definen a un pederasta y pedófilo, el poder económico y político hace una gran diferencia. Epstein lo sabía. Por eso organizó una gran red en la que el financierismo era el parapeto para ocultar los abusos en contra de mujeres y menores de edad.