miércoles, 14 de enero de 2026

Sabina Berman ¿amonestación pública o censura?

 

Silvana Rabinovich, judía argentina, plantea bien lo que implicó su entrevista con Sabina Berman, quien después decidió no transmitirla porque su arrogancia sionista la exhibía. La victimización de la gran entrevistadora y su defensa de su entrevista al fascista Eduardo Verástegui, también la exhibe. Las defensorías de los canales 14 y Once, expusieron sus discrepancias, a pesar de que la izquierda buenaondita (Julio Astillero, Vicente Serrano –Sin Censura-, Álvaro Delgado-Alejandro Páez Varela, Francisco Cruz, entre otros youtuberos, un tanto histéricos- solo han expresado su odio en contra de la 4T. La izquierda buenaondita no tiene una narrativa crítica, cuestionadora, solo el odio, muy cercano a la derecha, que pueden anidar. Sí, la 4T se puede equivocar, pero acusarla de censura, ignorando las posturas previas de la protagonista, quien en otro momento censuró su propia entrevista a otra judía, pero propalestina, es repugnante.

La izquierda buenaondita se ha exhibido gritando censura, pero no tiene un punto medio. Darle al fascismo un lugar en sus medios, es hasta imbécil. No tiene que ver si las “audiencias” son tratadas o no como sin opinión propia, sino con lo que cree esa izquierda sobre esas “audiencias”. Lo destacable del debate es que las “audiencias” no están presentes, tanto en los argumentos de las defensorías de los canales de televisión 14 y Once, pero menos en el griterío de la izquierda buenaondita que supuestamente es su representante. En otros medios alternativos escuché la idea de “amonestación” a Sabina Berman, negando la censura. Es decir, como ya es común en Sabina Berman, entrevista a personajes que en realidad representan algunas de sus posturas. O qué podemos pensar en la censura de la señora Berman a Silvana Rabinovich.

Veo en los medios youtuberos que han convertido a Sabina Berman en referencia obligada, que nadie la cuestiona. Hasta ahora, ni Julio Astillero, Vicente Serrano, Manuel Pedrero, entre otros, la han cuestionado. Solo escucho decir que su entrevista es “genial”, y quienes no transmitieron la diatriba fascista, es censura. Nadie plantea que el fascismo no es una opinión. Es más simple de lo que parece: es violencia y genocidio. Gaza, Minneapolis, Los Ángeles, etc. ¿La izquierda buenaondita necesitara más pruebas de la masacre fascista? Es increíble que Julio Astillero, por ejemplo, sea tan amable con un fascista. Lo mismo Vicente Serrano. Y el colérico comentario de Francisco Cruz, es deleznable.

La derecha y la izquierda buenaondita, aunque lo niegue ese pequeño sector de la izquierda, espera, con la salivación obscena, que la presidenta de México fracase. Al inicio de la gestión de AMLO, la izquierda buenaondita soñaba con la radicalidad de la 4T, sin explorar el contexto en el que muchos mexicanos votaron por Morena. La mayoría de los mexicanos son conservadores, a pesar de lo que hoy llaman la conscientización de millones, pero jamás han buscado que México se convierta, por decreto, en socialista o comunista. Mi postura ha sido precisa: Voté por un gobierno progresista, no porque AMLO o Claudia Sheinbaum declararan a México como país “socialista”, “comunista”. El comunismo jamás ha existido. El socialismo menos. Los modelos de Cuba, Hugo Chávez, u otro país –Vietnam, por ejemplo- son eso, modelos. Y como algún experto en su momento planteó ¿socialismo en un solo país?

En este contexto, Sabina Berman se equivoca. No puede defender a la ultraderecha como una simple opinión. El fascismo, no es una opinión, es una postura política para acabar con la humanidad que no está de acuerdo. Eso le hace falta a los youtuberos. Precisar que entrevistan o defienden a fascistas. Es el caso de Julio Astillero y Francisco Cruz. Despotrican en contra de la 4T, pero jamás dicen que están defendiendo a sus amigos fascistas. Los fascistas son buenos para hacer de los medios, alternativos o no, sus defensores. Es lo que la histeria de Francisco Cruz, tanto en Julio Astillero como en Vicente Serrano, quieren dejar.

sábado, 10 de enero de 2026

El pasado importa

 

La pregunta de un reportero en la conferencia del pueblo (07/01/2026), en torno al cuestionamiento de Sergio Sarmiento para dejar de recordar el desastroso capítulo del gobierno del PAN que tuvo en Felipe Calderón al principal cancerbero que convirtió al país en una fosa común, con su guerra en contra del narcotráfico liderada por un narco hoy preso en Estados Unidos, me devolvió el recuerdo que he compartido en otra ocasión: hace varios años, una amiga, orgullosa priista, al comentarle algunos hechos acaecidos durante los gobiernos del PRI y el PAN, me dijo cortante “eso ya pasó”. No me callé, no acostumbro hacerlo, regresé sobre el tema.

Quienes nos educamos en el contexto de las ciencias sociales, sabemos la importancia que el pasado tiene, no solo en nuestros estudios académicos, sino también en nuestras concepciones y análisis de la realidad. Los estudios antropológicos, el trabajo de campo es fundamental para establecer patrones y puntos de partida desde la realidad de nuestros sujetos de estudio, es decir, de las personas con quienes trabajamos, me dieron la posibilidad de observar el comportamiento de las personas -3 dimensiones, como plantearía Bronislaw Malinowski en su extraordinaria obra Los argonautas del Pacífico occidental- y tener una idea de su realidad individual y colectiva. También, mostraron la importancia que el pasado tiene.

El pasado importa. No es que la 4T, AMLO y Claudia Sheinbaum se aferren. Es porque nuestra realidad actual está sujeta a ese pasado, lo que muchas políticas públicas –seguridad, derechos sociales, etc.- intentan cambiar. Por ejemplo, durante 36 años -4 sexenios priistas y dos panistas- los gobiernos neoliberales hundieron en la pobreza a millones de mexicanos, mientras unos pocos amasaban inmensas fortunas personales y familiares con dinero público y políticas gubernamentales que los favorecían. En los pasados siete años, el aumento a los salarios mínimos y las políticas sociales del gobierno de la 4T, lograron dos hazañas: 13.5 millones de personas salieron de la pobreza y muchos, según el Banco Mundial, se ubican actualmente en los sectores de clase media mexicanos. La movilidad social volvió a ser una palanca del bienestar.

Asimismo, la guerra emprendida por Felipe Calderón, supuestamente en contra del narco, encabezada por un narco, sumió al país en la oscuridad de matanzas, ejecuciones extrajudiciales, asesinatos, desapariciones, reclutamiento de jóvenes, crecimiento de las adicciones, entre otros hechos. Los sexenios del cancerbero Felipe Calderón y el corrupto Enrique Peña Nieto, nada hicieron por detener la guerra desatada por el panista Calderón. Aunque Genaro García Luna no continuó como funcionario público, fundó una serie de empresas y obtuvo contratos que lo volvieron multimillonario, incluidos algunos socios/as que hoy están siendo detenidos. La guerra contra el narco, no solo hizo millonarios a unos cuantos, sino también convirtió al país en una fosa clandestina. Los desaparecidos de ayer y de hoy son parte de esa guerra.

El pasado importa, porque recordarlo y tenerlo presente es decirles a las actuales generaciones que el país enfrenta retos y situaciones que no surgieron de la nada, sino de lo que los gobiernos anteriores del PRI y el PAN hicieron. No se trata de horrorizar a nadie. Suficiente tuvimos quienes vivimos esa etapa. Acteal, Lomas de Salvarcar, San Fernando, TecMonterrey, etc., son solo algunos episodios que este escribano observó con horror. Y las matanzas diarias que los medios corporativos golpistas ocultaron mediante un acuerdo con el narcogobierno de Calderón. No es que ese pasado nos persiga inexorablemente. Es solo que el pasado importa, porque recordando nos percatamos que México no se bañó de sangre de la nada. Felipe Calderón, Genaro García Luna y otros cancerberos del PAN y el PRI, convirtieron a este país en una “amenaza” para Trump. Es decir, un pretexto para invadir México, un pretexto más de la derecha antipatriota para hacer de México una colonia sometida a un imperio decadente.