Durante dos décadas, la izquierda boliviana, encabezada por el MAS
(Movimiento al Socialismo), fue un buen ejemplo para muchas izquierdas
latinoamericanas. Incluso, sectores de la izquierda mexicana aplaudieron, el rescate
de Evo Morales de un posible asesinato, por AMLO, pero no previeron que el
líder boliviano se convertiría en el sepulturero de su propio movimiento. No
hay que negarlo. El pleito, no desacuerdo, menos conflicto ideológico-político,
implicó el peor desastre de la izquierda boliviana y latinoamericana por
cuestiones personales, por un liderazgo que ni Evo Morales ni Luis Arce, pronto
expresidente de Bolivia, tuvieron algún día. Ambos son espurios y su disputa
hundió a la izquierda boliviana. La derecha hoy se alza como triunfadora en ese
país, lo que tendrá duras y complejas implicaciones.
En Bolivia se vivieron situaciones ejemplares. Durante el mandato de Evo
Morales, los indígenas emergieron como una importante fuerza política y
económica. Pero al indígena Evo Morales no le importaron sus logros y decidió construir
un golpe en contra de sí mismo y del MAS. Lo que Evo Morales y Luis Arce
protagonizaron para hundir al MAS, no es un simple asunto personal, sino una
disputa por el precario poder de la izquierda. A ambos no les interesó a sus
simpatizantes y a miles de indígenas que, en su momento, se posicionaron como
ciudadanos y que ascendieron en la ruda estructura socioeconómica que
caracteriza a Bolivia, con una oligarquía racista, clasista y despreciativa de
otros sectores no blancos.
Es el caso de Bolivia. Ahora la prensa registra que Noboa, presidente de
Ecuador, pide auxilio a la OEA e Israel para reprimir a los manifestantes que
lo rechazan. En Bolivia votaron por la derecha los que votaron por la izquierda
en su momento, pero el MAS se desmoronó muy pronto. En lo que dure el mandato
del próximo presidente Rodrigo Paz, heredero de una oligarquía que ya gobernó
Bolivia, la restauración del neoliberalismo marchará avante. Y es una buena
noticia para el imperio. Las amenazas contra Venezuela, Colombia, Brasil,
México, no son fortuitas. En todos los casos, no solo se trata de socavar
gobiernos progresistas, sino también de rehacer un dominio perdido.
Desafortunadamente, en Bolivia la misma izquierda carcomió su poder electoral y
ciudadano. Puede ser más fácil, para el imperio, deshacerse de adversarios cuando
entre las mismas filas de sus antagonistas están los enemigos.
Bolivia debe ser una lección para todas las izquierdas latinoamericanas
y mundiales. La egolatría, el cinismo y el infantilismo de izquierda no tienen
cabida en el progresismo que pretende transformar, aunque sea parcialmente, al
capitalismo. El socialismo en un solo país no existe, menos si el imperio lo
acosa durante décadas, como en Cuba. El chavismo-madurismo pretendieron crear
un escenario social, económico y político diferente, pero la presión imperial
lo ha impedido. En México, la 4T avanza, a pesar del poderoso vecino, pero
igual puede ser truncada. La imbecilidad Trumpista no parece tener límites. Un día
son los aranceles, otro los terroristas y otro, los países y pueblos que no le
permiten ejercer un dominio absoluto.
Sin duda, las próximas horas y días podrían ser definitivos para América
Latina. Mientras Bolivia cayó por sus propios fueros, la resistencia de Nicolás
Maduro enardece al fascismo estadounidense. La camarilla que se ha apropiado de
Estados Unidos, no está interesada en la soberanía, el respeto a los derechos
humanos, la autodeterminación de los pueblos. Por un lado, le obsesionan los
recursos naturales que el imperio no tiene, para depredar y obsequiar a la
oligarquía, y por el otro, que los pueblos se levanten para defender su patria.
La espuria María Corina Machado, no busca el bienestar para los venezolanos,
sino para sí y unos pocos. Bolivia deja la lección de que el cambio es
bienestar para millones bolivianos, quienes a pesar de que se equivocaron por la
imbécil disputa Evo Morales-Lucho Arce, escribieron una historia diferente. Una
lección.
No hay comentarios:
Publicar un comentario