sábado, 25 de octubre de 2025

Bolivia: la nostalgia de la izquierda

 

Durante dos décadas, la izquierda boliviana, encabezada por el MAS (Movimiento al Socialismo), fue un buen ejemplo para muchas izquierdas latinoamericanas. Incluso, sectores de la izquierda mexicana aplaudieron, el rescate de Evo Morales de un posible asesinato, por AMLO, pero no previeron que el líder boliviano se convertiría en el sepulturero de su propio movimiento. No hay que negarlo. El pleito, no desacuerdo, menos conflicto ideológico-político, implicó el peor desastre de la izquierda boliviana y latinoamericana por cuestiones personales, por un liderazgo que ni Evo Morales ni Luis Arce, pronto expresidente de Bolivia, tuvieron algún día. Ambos son espurios y su disputa hundió a la izquierda boliviana. La derecha hoy se alza como triunfadora en ese país, lo que tendrá duras y complejas implicaciones.

En Bolivia se vivieron situaciones ejemplares. Durante el mandato de Evo Morales, los indígenas emergieron como una importante fuerza política y económica. Pero al indígena Evo Morales no le importaron sus logros y decidió construir un golpe en contra de sí mismo y del MAS. Lo que Evo Morales y Luis Arce protagonizaron para hundir al MAS, no es un simple asunto personal, sino una disputa por el precario poder de la izquierda. A ambos no les interesó a sus simpatizantes y a miles de indígenas que, en su momento, se posicionaron como ciudadanos y que ascendieron en la ruda estructura socioeconómica que caracteriza a Bolivia, con una oligarquía racista, clasista y despreciativa de otros sectores no blancos.

Es el caso de Bolivia. Ahora la prensa registra que Noboa, presidente de Ecuador, pide auxilio a la OEA e Israel para reprimir a los manifestantes que lo rechazan. En Bolivia votaron por la derecha los que votaron por la izquierda en su momento, pero el MAS se desmoronó muy pronto. En lo que dure el mandato del próximo presidente Rodrigo Paz, heredero de una oligarquía que ya gobernó Bolivia, la restauración del neoliberalismo marchará avante. Y es una buena noticia para el imperio. Las amenazas contra Venezuela, Colombia, Brasil, México, no son fortuitas. En todos los casos, no solo se trata de socavar gobiernos progresistas, sino también de rehacer un dominio perdido. Desafortunadamente, en Bolivia la misma izquierda carcomió su poder electoral y ciudadano. Puede ser más fácil, para el imperio, deshacerse de adversarios cuando entre las mismas filas de sus antagonistas están los enemigos.

Bolivia debe ser una lección para todas las izquierdas latinoamericanas y mundiales. La egolatría, el cinismo y el infantilismo de izquierda no tienen cabida en el progresismo que pretende transformar, aunque sea parcialmente, al capitalismo. El socialismo en un solo país no existe, menos si el imperio lo acosa durante décadas, como en Cuba. El chavismo-madurismo pretendieron crear un escenario social, económico y político diferente, pero la presión imperial lo ha impedido. En México, la 4T avanza, a pesar del poderoso vecino, pero igual puede ser truncada. La imbecilidad Trumpista no parece tener límites. Un día son los aranceles, otro los terroristas y otro, los países y pueblos que no le permiten ejercer un dominio absoluto.

Sin duda, las próximas horas y días podrían ser definitivos para América Latina. Mientras Bolivia cayó por sus propios fueros, la resistencia de Nicolás Maduro enardece al fascismo estadounidense. La camarilla que se ha apropiado de Estados Unidos, no está interesada en la soberanía, el respeto a los derechos humanos, la autodeterminación de los pueblos. Por un lado, le obsesionan los recursos naturales que el imperio no tiene, para depredar y obsequiar a la oligarquía, y por el otro, que los pueblos se levanten para defender su patria. La espuria María Corina Machado, no busca el bienestar para los venezolanos, sino para sí y unos pocos. Bolivia deja la lección de que el cambio es bienestar para millones bolivianos, quienes a pesar de que se equivocaron por la imbécil disputa Evo Morales-Lucho Arce, escribieron una historia diferente. Una lección.

No hay comentarios: