Del acoso en tiempo real, el hecho en el que la presidenta de México fue
acosada y tocada de manera inapropiada, se pasó a la revictimización. En este
contexto, la reacción de los medios corporativos golpistas, sus escribanos, la
derecha partidista y algunos personajes como el delincuente deudor, Ricardo
Salinas Pliego, misógino cotidiano, a nadie debe extrañar. Sus comentarios y
escritos están comprados previamente, así que solo adaptan sus narrativas a lo
que suceda como carroña aprovechable. La izquierda afín a la 4T no debe
sorprenderse de la respuesta de la prensa golpista. Quizás los planteamientos
de cierta izquierda buenaondita, sí deberían asombrar a algunos incautos, pues
se esperaría que su especulación se limitara a describir la situación y a
cuestionar al agresor y el marco en el que se dio, pero suele suceder lo
contrario. Es espeluznante escuchar las especulaciones de Julio Astillero:
retiró la foto de la agresión de su plataforma de Instagram, pero cuestiona si,
tratándose de una figura pública como la presidenta, es real o no la
revictimización. La especulación periodística morbosa que pretende
normalizarse.
En el caso de la derecha mediática, en sus diversas expresiones, no
asombra, pues su odio y su paga parecen justificar cualquier diatriba que
pretendan hacer pasar por análisis verbal y columna supuestamente periodística.
La derecha mediática afirma que fue un montaje con la finalidad de desviar
públicamente el asesinato del presidente municipal de Uruapan. Y la perversión
puede ir in crescendo. La derecha jamás se tocará el corazón, porque no lo
tienen, por decirlo suavemente. A la derecha le interesa desestabilizar al
país, derrocar al gobierno legítimamente electo. Es hasta obsceno cómo en redes
sociales revictimizan a la presidenta de México, pero es lo que la derecha
busca: un escenario de hartazgo para quebrar a una mujer que ha dado signos de
entereza y racionalidad que dejan a la derecha pasmada. En su trato con Donald
Trump, después de 6 u 8 llamadas telefónicas, Claudia Sheinbaum ha dejado en
claro, ante el acosador que preside el imperio, que a ella y el país que
preside, se les respetan.
Cuando hablamos del patriarcado, no nos referimos a una entelequia, sino
a una estructura social, económica, cultural y política que forma, somete y
domina a hombres y mujeres. Porque el acoso es un asunto también de dominación
y sometimiento. El cuerpo de la mujer es parte de los designios del
patriarcado. Los hombres no agreden solo porque sí. Lo hacen porque el
patriarcado se los mandata, como la gran feminista Rita Segato afirma. Y acorde
con esta gran académica y activista, a veces los hombres lo hacen, no porque
esté en su ADN, sino porque es parte de su masculinidad. Una masculinidad
tóxica, violenta, llena de dudas, fracasos y cuestionamientos, pero que no
dejan pasar porque son una “agresión” a su masculinidad. El acoso sexual, el
abuso sexual en contra de las mujeres son parte de construcciones culturales y
sociales, en las que las formas de dominación patriarcal prevalecen. Por ejemplo,
se afirma que las mujeres son uno de los principales vehículos del patriarcado,
pero lo hacen por estar inmersas en esa cultura patriarcal, no porque
conscientemente busquen imponer el dominio y la dominación patriarcal.
Los hombres en la sociedad mexicana se niegan a cuestionar sus
conductas, incluyendo la violencia en contra de las mujeres, en parte porque la
masculinidad dominante sufre, y en parte porque la misma sociedad educa y lleva
a los hombres a actuar como lo hacen. No es disculpa, porque esas conductas
patriarcales están en constante tensión en las relaciones e interacciones entre
hombres y mujeres. Para muchos hombres –la mayoría- el acoso a las mujeres, es
parte de conductas que les permiten reafirmarse, pero no vislumbran que esa
masculinidad es tóxica y violenta.
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