martes, 4 de noviembre de 2025

Bukele uruapense, 2 y último

 

En El Salvador, el presidente Nayib Bukele, que después de una serie de reformas constitucionales y legales podría reelegirse ad infinitum, se ha distinguido por la mano extrema, no dura, sino reivindicando los fines del fascismo histórico europeo: exterminar a los indeseables. En el caso salvadoreño, las pandillas y delincuentes en general. En la Alemania nazi, judíos, gitanos, homosexuales, discapacitados, entre otros, eran los indeseables. Bukele construyó una gran cárcel para confinar a sus indeseables, llegando incluso a recibir a algunos indeseables de Donald Trump, por una “módica” cantidad en dólares. Muchos salvadoreños han aplaudido las medidas punitivas y extremistas, en parte porque la población ha sido trágico objeto criminal de la delincuencia. Ha sido extorsionada, violentada, asesinada y obligada a emigrar. El problema es que a la población agraviada no se les han ofrecido alternativas para cambiar su vulnerabilidad, su pobreza.

Los uruapenses en Michoacán, sin duda están cansados del impacto del crimen organizado, pero está documentado que, a pesar del machín envalentonamiento del asesinado alcalde, las ejecuciones y violencias en contra de los uruapenses –hombres, mujeres, jóvenes- no cesaban. En las últimas semanas, la violencia en contra de los uruapenses, creció de manera exponencial. No haré una relación unívoca entre la creciente violencia en la ciudad de Uruapan y el homicidio del alcalde, pero, más allá de las marchas organizadas en Uruapan y Morelia por el PRIAN, Antorcha Campesina y otras organizaciones políticas, a pesar del “valiente” edil uruapense, la violencia en esa ciudad no cesaba. Hay un abierto uso del PRIAN, organizaciones vinculadas a estos partidos políticos y a la derecha, del triste asesinato del presidente municipal de Uruapan, para alimentar su agenda golpista. No se puede soslayar que la derecha usa carroñeramente el hecho para intentar un golpe blando, según lo escrito por los expertos de los golpes de estado.

“Hay que matarlos”, fue una de las consignas de Carlos Manzo ante situaciones reales. La mano dura pretendía imponerse. El bukelismo estaba en marcha. Hay que matar a los delincuentes. Muchas organizaciones de derechos humanos se manifestaron en contra. Pero su guerra personal en contra de los narcos, fue errónea. A pesar de la mano dura que mediáticamente lo llevó a las primeras planas de los medios corporativos, ignoraba los vínculos de su policía con la delincuencia organizada. Si bien asume el mando de la policía municipal, nunca pudo desentrañar las corruptelas y vínculos de ese personal. Los normalistas y la UMSNH son actualmente baluartes del oportunismo y el conservadurismo. La marcha de este lunes solo sirve a los intereses espurios de los grupos alineados con el PRIAN. El oportunismo político y electorero está detrás de cada marcha que la oposición invente. Son una afrenta, incluso, a la memoria del edil asesinado.

La historia del PRIAN en Michoacán nunca ha sido ejemplar. En diciembre de 2006, el asesino Felipe Calderón lanzó su guerra esquizofrénica con el narco, en la que miles de mexicanos, narcos o no, delincuentes o no, fueron asesinados. Hay numerosos ejemplos. Y Michoacán fue parte del baño de sangre de Calderón. Enrique Peña Nieto no hizo nada diferente. Durante su gobierno, sus enviados organizaron y armaron grupos de supuestos autodefensas que en realidad estaban aliados a los delincuentes. Al final de ese intento fallido, se demostró que EPN y sus amiguetes promovieron al narco y la delincuencia organizada. Son grupos que actualmente son parte de las delincuentes que asolan a los ciudadanos michoacanos. Uruapan, por su posición geográfica y parte de una amplia zona productiva, es parte del saqueo delincuencial.

Sin duda, el asesinato del edil de Uruapan no es un acto solitario, menos aislado de situaciones de violencia vigentes en Michoacán, pero pretender hacerlos parte de lo que sucede en otros lugares del país es faltar a la verdad. Los hechos en los que fue asesinado Carlos Manzo, es parte de una cadena de violencias en los que Michoacán está envuelto. No es “reflejo” nacional.

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