Siguen las revelaciones oficiales y extraoficiales en torno al asesinato
del presidente municipal de Uruapan, Michoacán. Mientras la esposa y heredera
del puesto del asesinado edil comienza su carrera a la gubernatura de
Michoacán, usando el homicidio de su propio esposo como la derecha suele hacer
de las tragedias, nos enteramos de un video en el que aparece Carlos Manzo con
varios personajes del PRIAN –Rubén Moreira, Mario Di Constanzo, Rubén Aguilar,
exvocero de Vicente Fox, Carlos Alazraki-, previo a la entrevista que le hizo
Alazraki en su canal youtubero AtypikalTv. El video ha generado muchas especulaciones,
no solo porque se vincula a derechistas recalcitrantes, cuya actuación pública
raya en el golpismo, además de que algunos internautas notaron la presencia de
una maleta negra en la escena.
Asimismo, el gobierno michoacano y la Fiscalía del estado, revelaron que
el asesino de Manzo fue detenido con vida y en un momento determinado, fue
asesinado también. ¿Una ejecución extrajudicial? Fue uno de los escoltas, quien
lo detuvo y al parecer le disparo. No se aclara bien el contexto. Igualmente,
el fiscal michoacano comentó que una línea de investigación se abrió para
investigar a las escoltas del asesinado edil, quienes al parecer relajaron la custodia
de Manzo, sin motivo aparente. Más allá del suceso y el uso carroñero por la
derecha, parece que hay consenso entre algunos analistas: fue el CJNG. Pero se
sabe que, en la zona, el grupo delincuencial no opera solo. Hay una serie de
intereses empresariales, políticos y comerciales involucrados.
En este sentido, más allá de que los medios corporativos golpistas lo
bautizaran como el Bukele mexicano, es probable que Carlos Manzo, en su afán
por construirse una identidad política y una candidatura hacia la gubernatura,
tocó algunos intereses poderosos de la región, en la que la producción y
comercialización de aguacate es fundamental. La imprudencia del Bukele
uruapense, como algunos especialistas en seguridad mencionan, generó las
condiciones para su asesinato. Que ahora, tanto la prensa y sus sicarios
escribanos, así como el llamado Movimiento del Sombrero, la derecha buitre,
entre otros personajes y sectores, intenten convertirlo en mártir, es hasta
obsceno. Como lo escribí previamente, una semana antes del asesinato las
ejecuciones a la luz del día en la ciudad de Uruapan eran el pan de cada día.
Sin duda, Carlos Manzo logró concentrar la preocupación de la gente –ciudadanos
de a pie, no los mediáticos que hoy explotan carroñeramente su asesinato- por
la inseguridad. El problema, desde el punto de vista de este escribano, es que no tuvo un plan y una estrategia para llevar a cabo su confrontación con el crimen
organizado. Sólo su gran voluntad, que no valentía. Debo suponer que era
consciente de los riesgos que corría, pues su asesinato mostró que ganó la
presidencia municipal con más del 60% de los votos en el municipio de Uruapan,
pero no el poder. El crimen organizado siguió tejiendo los destinos de los
uruapenses, particularmente aquellos ligados a la principal actividad económica
de la región: la producción de aguacate.
Desafortunadamente, Carlos Manzo abrió las puertas del infierno
criminal. De ninguna manera sugiero que debió haber pactado, pero es a nivel
local que el accionar de la delincuencia organizada pesa mucho. Está más allá
de los poderes formales municipales, jefaturas de tenencia y otras posiciones
que funcionan a nivel territorial. Uruapan se ubica en una hermosa área de
transición de la tierra fría –Meseta Purhépecha- a la tierra caliente –Apatzingán,
emblemático municipio de entrada a la Tierra Caliente de Michoacán. Es una zona
pródiga de condiciones para la producción agrícola, que, entre el último tercio
del siglo pasado a las décadas del actual siglo XXI, se fue transformando en
centro de la producción aguacatera, la tala inmoderada y la destrucción
ambiental que, como ya es común, los ambientalistas no ven. Pero no solo fue
una transformación productiva; también la estructuración de negocios ligados al
crimen organizado.
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