Los iniciales convocantes de una marcha de la llamada generación Z para
el 15 de noviembre, ya se están deslindando de los emplazados en los que la
derecha y los bots son protagonistas. La generación Z, es decir jóvenes entre
los 13 y los 28 años, quienes nacieron entre 1997 y 2012, años en los que
muchos, siendo recién nacidos y niños, no se enteraron de los atracos y la
represión de Zedillo, el ahora autollamado demócrata, y el fracaso del gobierno
de Vicente Fox, cuyas corruptelas y saqueos son evidentes, y la guerra
esquizofrénica de Felipe Calderón, quien asesinó jóvenes de la generación
previa, los Milenial, además de criminalizarlos y minimizarlos.
A principios de septiembre de 2025, en Nepal, grupos de jóvenes
promovieron una rebelión ante el cierre de diversas plataformas populares de
redes sociales, lo que obligó al gobierno de ese país a renunciar y huir al
extranjero, y elegir una ministra interina. En una semana, la rebelión se había
aplacado, lo interesante es que de una pelea por las redes sociales canceladas
se pasó a otros temas, como transparencia, corrupción, etc. No se sabe bien
cuáles son los motivos de la convocatoria a la marcha de la generación Z el 15
de noviembre; lo único claro, es que la derecha prácticamente se adueñó de la
marcha, por eso el deslinde de los convocantes originales.
La derecha mexicana está invirtiendo millones de pesos con la finalidad
de usar a ciudadanos y sucesos, como el trágico homicidio del alcalde de
Uruapan, Michoacán, para desestabilizar el país. Es el hecho importante. Los
mexicanos no pueden ignorar, a pesar de la violencia delincuencial, los
verdaderos motivos de la derecha. Por eso el apoyo a la primera presidenta de
México debe ir más allá de la coyuntura. La derecha no se detendrá para
recuperar lo perdido. Por ejemplo, las quejas de las empresas, cuyos adeudos
fiscales llegan al billón de pesos, en contra de la nueva SCJN, son
explicables. Siempre contaron con apoyo de la vieja SCJN. El delincuente
deudor, Ricardo Salinas Pliego, ha pretendido recusar a toda la SCJN, para que
no revise sus adeudos.
En este sentido, la derecha mexicana intenta construir una narrativa en
contra de la presidenta de México y la 4T, apropiándose de tragedias y causas
de todo tipo. La izquierda buenaondita julioastillera se equivoca cuando afirma
que Claudia Sheinbaum no debería hablar de los embates derechistas. Es
exactamente lo contrario que varios opinantes de esa misma izquierda rechazan:
hay que hablar de la derecha, hay que contraargumentar. No se puede ni se debe
ignorar a la derecha. Es necesario encararla con argumentos, desmontar sus
narrativas. No asumir el odio que siembra, menos sus insultos. Porque la
derecha carece de argumentos. Solo apela a la violencia.
Para desasosiego de la derecha, la generación Z mexicana está siendo
arropada, en mayor o menor medida, con las políticas públicas de bienestar:
becas –secundaria, bachillerato, educación superior- y apoyos para el
entrenamiento de hombres y mujeres en negocios establecidos. La 4T, no solo
intenta redistribuir el ingreso a nivel nacional, sino atacar los problemas
sociales y económicos del país, particularmente el papel de los jóvenes de esa
generación. Asimismo, los convocantes que se han apropiado de esa marcha, no
plantean nada, solo apropiarse de tragedias y causas ajenas, usar a los
ciudadanos y promover la violencia. La marcha de la mal llamada generación Z el
15 de noviembre, no será pacífica, va por violentar.
Los mexicanos tendrán que estar atentos respecto a esa marcha, en la que
sobresalen una serie de políticos, empresarios, organizaciones supuestamente de
la sociedad civil y sicarios de la derecha. El 15 de noviembre no va a caer la 4T,
ni la presidenta de México. Van por agresiones y violencia, pero la derecha va
a caer de nuevo. Es un asunto de cuidado, porque el miedo, transmitido por
redes sociales, está calando en la CDMX. Por eso es fundamental que los
mexicanos tengan presente que no es la generación Z la que va a marchar el 15
de noviembre. Es la derecha que va por saquear, golpear y violentar. La violencia
de la derecha va por delante.
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