En los últimos 7 años, nuestro país entró en una vorágine de cambios,
muchos a favor de los menos favorecidos por el capitalismo, pero también el
empresariado mexicano y extranjero se ha llevado una buena tajada del pastel de
la 4T. La separación entre el poder político y el poder económico es todavía
una aspiración de la izquierda electoral, si bien en ese lapso, primero AMLO y
ahora Claudia Sheinbaum, han marcado ciertos límites. Por ejemplo, la distancia
entre algunos grupos empresariales que embolsaban miles de millones de pesos
del presupuesto público por medio de la compra de medicinas, subrogación de
servicios de salud, propaganda gubernamental en medios corporativos golpistas,
entre otros rubros, se ha hecho efectiva. No es extraño que en estos sectores
se generen y financien las campañas de odio, antes en contra de AMLO, ahora en
contra de la presidenta de México.
Los cambios comenzaron desde la victoria de AMLO, al menos
discursivamente. El día que asumió la presidencia de México, pronunció otro
poderoso discurso ante el presidente saliente en el Congreso de la Unión. Sus compromisos
se fueron cumpliendo poco a poco. Hicieron falta varios. Es el caso de la
solución del caso Ayotzinapa, en el que el Ejército mexicano se convirtió en un
dique insalvable. La falta de justicia con un Fiscal como Alejandro Gertz
Manero, fueron otro lastre para AMLO. Los desaparecidos han sido también otro
pendiente. Pero la manera en que enfrentó la pandemia de COVID19, la
recuperación del poder adquisitivo del salario mínimo, la salida de 13.5 millones
de la pobreza, entre otros, muestran lo poderoso de la 4T y sus políticas
públicas. Fueron 6 años de transformaciones y algunos claroscuros, pero se
logró darle rumbo al cambio prometido.
En el primer año de la presidenta Sheinbaum, las presiones han sido
tremendas, sobre todo en redes sociales. Lo paradójico es que su aprobación se
ha mantenido estable. Lo interesante de la última encuesta de Enkoll, es el importante
apoyo de integrantes de la generación Z, aquella marcha que inventó la derecha,
en la que marcharon más Zrucos que jóvenes. Por supuesto, las mujeres y los
adultos mayores siguen refrendando su apoyo a Claudia Sheinbaum. Y según reportes
de los medios alternativos que transmiten en redes sociales y en Youtube, se
registró una importante afluencia de jóvenes de esa generación Z. A 7 años de
los cambios impulsados por AMLO, la 4T sigue dando resultados y proponiendo
nuevos horizontes. Por ejemplo, lo que la izquierda buenaondita, la izquierda
radical y la izquierda zapatista reclaman a la izquierda electoral es no virar
al socialismo de manera contundente, pues hay un “convivencia” perversa con el
capitalismo, particularmente con el neolioberalismo.
Sin embargo, ni AMLO ni Claudia Sheinbaum, ambos provenientes de
movimientos sociales de distintos sectores y tendencias, jamás prometieron la
radicalización de sus propuestas. Aunque las diferentes izquierdas no
entiendan, porque sus referentes estalinistas, maoístas, leninistas se los
impiden, la gente votó por AMLO y Claudia Sheinbaum porque la mayoría de sus seguidores
y apoyadores son conservadores. Algo que AMLO vislumbró genialmente, pero la
izquierda académica y las izquierdas de a pie no entienden. He comenzado a leer
un interesante libro coordinado por tres académicos que julioastilleros que se
reclaman de izquierda (Massimo Modonesi, César Enrique Pineda y Sergio Tamayo,
coords., Luchas sociales y participación
política en el sexenio obradorista (2018-2024), UNAM, 2025), pero hasta
donde he avanzado, prevalecen los viejos y anquilosados marcos analíticos de
las viejas izquierdas académicas. También, en este contexto se inscribe el
fracaso continuo de la oposición, tanto partidista y los sectores empresariales
adversos, como la derecha que ha colonizado, con sus bots y odio, las redes
sociales. Por eso, estos 7 años de la 4T reunieron a más de 600 mil personas en
CDMX.
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