miércoles, 17 de diciembre de 2025

Chile: ¿Boric, traidor?

 

El cruento golpe de Estado, encabezado por Augusto Pinochet en 1973, no parece haber calado en las estructuras sociales y políticas del pueblo chileno, como se pudo haber esperado. La represión, asesinato, ejecuciones, desapariciones y secuestros de hijos de opositores, marcaro a ese país de manera inexorable. Mientras unos eran apresados y asesinados, algunos pudieron huir y asilarse en México, u otros países. El presidente electo Kast, un probado derechista, fascista, hijo de un nazi, logró romper ese progresismo chileno que, como dijo, Nancy Fraser, filósofa estadounidense, era en realidad un “neoliberalismo progresista”. Es decir, Gabriel Boric y su gobierno, prefirieron aliarse con las fuerzas antiprogresistas chilenas, abandonando a los movimientos sociales históricos de Chile. El actual presidente chileno, llegó al poder con el apoyo de las izquierdas y organizaciones progresistas, de las que pronto se apartó para organizar un gobierno “centrista” que pronto desilusionó a todos.

Sin duda, millones de ciudadanos chilenos prefirieron ponerse una venda en los ojos y votar por un extremista de derecha que les prometió expulsar a miles de inmigrantes que, según el candidato derechista, es lo que está arruinando a Chile, aunque en términos económicos el país del cono sur no enfrentaba problemas tan severos como Argentina en su momento. Pero la experiencia chilena con lo que se llamó izquierda encabezada por Gabriel Boric, quien prácticamente criticó y rechazó a regímenes como Cuba, Nicaragua, entre los más evidentes, que decía no representaban a la izquierda chilena, fue un gran fracaso. Y no se trataba que el fracasado Boric declarara a Chile socialista, sino que al menos pusiera en marcha algo del programa político que enarboló durante su campaña política. Por ejemplo, su oposición a los mapuches implicó represión y no reconocer al grupo originario como sujeto de derechos y avaló que empresarios privados derechistas continuaran usurpando sus tierras.

Ahora bien, si la derecha gana en las urnas, es porque la izquierda y los progresistas en general, no resolvieron problemas. Gabriel Boric no traicionó, fue un instrumento de una izquierda y una ciudadanía conservadoras, convencidas de algún modo, del lado de la izquierda que llegó con Boric a la presidencia, que los radicalismos no eran necesarios y que era mejor practicar un neoliberalismo progresista que no rompiera con la historia chilena, la que es, en parte, producto del experimento neoliberal que se empató con la dictadura pinochetista y los Chicago boys, y por el otro, un escenario en el que el conservadurismo pesa mucho, a pesar de la lucha universitaria que impulsó al propio Boric a la escena pública. La educación pública fue una fantasía, porque la educación privada en Chile sigue prevaleciendo y así seguirá.

El candidato Kast, quien ganó por medio las urnas la próxima presidencia de Chile, ha sido exhibido respecto a su historia personal. Hijo y nieto de nazis, personaje que reivindica al pinochetismo, centró su campaña en un asunto que le arrebato a la izquierda de Boric: la seguridad. Un asunto fantasioso en una sociedad en la que es un asunto, no menor, pero tampoco amenazador. El problema es que lo centró en los inmigrantes, cuya mayoría es de origen venezolano, y a quienes les ha achacado asuntos falsos, pero sobre los que millones de chilenos han estado a favor. El conservadurismo es capaz de convertir una situación propagandística en un problema. La amenaza de Kast en contra de los inmigrantes, es real. Muchos inmigrantes, sobre todo indocumentados, porque Boric no les dio la oportunidad de regularizarse, están desesperados y listos para salir de ese país, previendo su ominosa expulsión.

Es realmente triste cómo, la derecha y pobladores que en su momento votaron a la izquierda, hoy votaron por un nazi, pinochetista, a quien no le importan las conquistas históricas de las mujeres y los progresistas. Es necesario analizar qué pasa en estas sociedades conservadoras.

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