Como ha sido históricamente normal, el EZLN muestra una feroz
incompetencia para entender el capitalismo y las realidades latinoamericanas.
32 años después sigue culpando a las izquierdas, porque esa es una verdad de Perogrullo,
no hay una sola izquierda, de sus fracasos, pero nada dice de sus triunfos. El
EZLN no gobierna un país, administra un pequeño territorio en el que ha
levantado un pequeño mundo con grandes diferencias respecto a las sociedades que
la rodean, en general. En su momento, varios pueblos indígenas acogieron el
levantamiento zapatista, no se rindieron, pero sí firmaron un acuerdo de paz
con los gobiernos del PRI que los acosaron y amenazaron, continuamente. Vicente Fox,
anunció que el asunto se resolvería en un tris, pero nada hizo. Mientras, los
zapatistas siguieron su camino.
Pero los zapatistas, el mundito zapatista, el zapatismo y quienes los
apoyan con ahínco, son un microcosmos de una nación en la que habitan 130
millones de personas. En 2018, una mujer indígena, María de Jesús Patricio Martínez, “Marichuy”, impulsada por el Congreso Nacional Indígena, organización
cercana al EZLN, intentó participar en las elecciones presidenciales, pero no logró reunir las 800 mil firmas que exigía la normativa electoral. Aunque algunos
simpatizantes votaron por ella en el apartado de candidatos no registrados,
apenas obtuvo poco más de 32 mil votos, mientras AMLO, a quien el EZLN acusó de
“fascista”, en otra de sus malas lecturas de la realidad, obtuvo 30 millones de
votos, lo que lo catapultó a la presidencia de México, encabezando la llamada
4T, e iniciando la transformación del país.
En este sentido, cuando el EZLN alude a la supuesta incompetencia de la
izquierda en América Latina, debería leer su propia circunstancia. En los
procesos políticos y sociales en los que la izquierda ha ganado en las urnas en
América Latina, no es nada más que los partidos políticos, los liderazgos, las
cúpulas, la falta de programas y su incumplimiento en muchos casos, tengan el
problema, sino también la gente, los votantes. La crítica feroz en contra de la
izquierda debe llegar también a los ciudadanos, quienes, como en Chile y Argentina, por citar solo dos casos paradigmáticos, los votantes optaron
por la derecha y ultraderecha. Los expresidentes de Argentina y de Chile, tienen
que asumir críticamente los costos políticos y sus vaivenes, alianzas y
desatinos, pero en el panorama sobresale un aspecto poco analizado: los
votantes no son ipso facto de izquierda, sino que representan una alta gama de
tendencias política e ideológicas. Los pobres de derecha, existen y votan por
la derecha.
No escatimo el cuestionamiento del EZLN, pues si bien ya no se plantean
asumir el poder como cuando en 1994 lanzaron su rebelión, además de rechazar
participar electoralmente, los simpatizantes efectivos del EZLN han permanecido
estancados, estables. No ha habido un crecimiento importante, en términos
absolutos y relativos. Destacan figuras cercanas, aunque ya no están entre
nosotros personajes como Pablo González Casanova, un gran intelectual de izquierda
que apoyó al EZLN desde sus inicios, otros apoyadores son bien conocidos. Y el
espectro no ha aumentado. Es reconocible que no se hayan retirado –algunos sí lo
hicieron. Es igualmente aplaudible que el EZLN siga conservando su base de
apoyo interna y externa, pero su intención supremacista y absolutista los
empequeñece. No hay autocrítica, solo diatriba y medios aplaudidores, como La Jornada y algunos youtuberos de
izquierda.
Con todo, su diatriba en contra de AMLO, la izquierda obradorista, la
4T, Claudia Sheinbaum, no ha tenido muchos efectos. 36 millones de votos y una
aprobación de 70% a favor de la presidenta de México, tiene que producir
autocrítica y revisión de su breve historia en un pequeño territorio que han
pretendido sustraer al Estado y la nación mexicana. Los datos del Banco de
México, sobre la reducción de la pobreza en el sur-sureste del país, deben
llamar la atención.
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