Mostrando entradas con la etiqueta Izquierda obradorista. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Izquierda obradorista. Mostrar todas las entradas

domingo, 28 de diciembre de 2025

¿Izquierda incompetente?

 

Como ha sido históricamente normal, el EZLN muestra una feroz incompetencia para entender el capitalismo y las realidades latinoamericanas. 32 años después sigue culpando a las izquierdas, porque esa es una verdad de Perogrullo, no hay una sola izquierda, de sus fracasos, pero nada dice de sus triunfos. El EZLN no gobierna un país, administra un pequeño territorio en el que ha levantado un pequeño mundo con grandes diferencias respecto a las sociedades que la rodean, en general. En su momento, varios pueblos indígenas acogieron el levantamiento zapatista, no se rindieron, pero sí firmaron un acuerdo de paz con los gobiernos del PRI que los acosaron y amenazaron, continuamente. Vicente Fox, anunció que el asunto se resolvería en un tris, pero nada hizo. Mientras, los zapatistas siguieron su camino.

Pero los zapatistas, el mundito zapatista, el zapatismo y quienes los apoyan con ahínco, son un microcosmos de una nación en la que habitan 130 millones de personas. En 2018, una mujer indígena, María de Jesús Patricio Martínez, “Marichuy”, impulsada por el Congreso Nacional Indígena, organización cercana al EZLN, intentó participar en las elecciones presidenciales, pero no logró reunir las 800 mil firmas que exigía la normativa electoral. Aunque algunos simpatizantes votaron por ella en el apartado de candidatos no registrados, apenas obtuvo poco más de 32 mil votos, mientras AMLO, a quien el EZLN acusó de “fascista”, en otra de sus malas lecturas de la realidad, obtuvo 30 millones de votos, lo que lo catapultó a la presidencia de México, encabezando la llamada 4T, e iniciando la transformación del país.

En este sentido, cuando el EZLN alude a la supuesta incompetencia de la izquierda en América Latina, debería leer su propia circunstancia. En los procesos políticos y sociales en los que la izquierda ha ganado en las urnas en América Latina, no es nada más que los partidos políticos, los liderazgos, las cúpulas, la falta de programas y su incumplimiento en muchos casos, tengan el problema, sino también la gente, los votantes. La crítica feroz en contra de la izquierda debe llegar también a los ciudadanos, quienes, como en Chile y Argentina, por citar solo dos casos paradigmáticos, los votantes optaron por la derecha y ultraderecha. Los expresidentes de Argentina y de Chile, tienen que asumir críticamente los costos políticos y sus vaivenes, alianzas y desatinos, pero en el panorama sobresale un aspecto poco analizado: los votantes no son ipso facto de izquierda, sino que representan una alta gama de tendencias política e ideológicas. Los pobres de derecha, existen y votan por la derecha.

No escatimo el cuestionamiento del EZLN, pues si bien ya no se plantean asumir el poder como cuando en 1994 lanzaron su rebelión, además de rechazar participar electoralmente, los simpatizantes efectivos del EZLN han permanecido estancados, estables. No ha habido un crecimiento importante, en términos absolutos y relativos. Destacan figuras cercanas, aunque ya no están entre nosotros personajes como Pablo González Casanova, un gran intelectual de izquierda que apoyó al EZLN desde sus inicios, otros apoyadores son bien conocidos. Y el espectro no ha aumentado. Es reconocible que no se hayan retirado –algunos sí lo hicieron. Es igualmente aplaudible que el EZLN siga conservando su base de apoyo interna y externa, pero su intención supremacista y absolutista los empequeñece. No hay autocrítica, solo diatriba y medios aplaudidores, como La Jornada y algunos youtuberos de izquierda.

Con todo, su diatriba en contra de AMLO, la izquierda obradorista, la 4T, Claudia Sheinbaum, no ha tenido muchos efectos. 36 millones de votos y una aprobación de 70% a favor de la presidenta de México, tiene que producir autocrítica y revisión de su breve historia en un pequeño territorio que han pretendido sustraer al Estado y la nación mexicana. Los datos del Banco de México, sobre la reducción de la pobreza en el sur-sureste del país, deben llamar la atención.

miércoles, 14 de agosto de 2024

La guerra cultural de la izquierda

 

El arribo de AMLO a la presidencia de la República en 2018, no solo culminó la trayectoria de un luchador social, un líder carismático, un personaje que organizó a miles de mexicanos, sino también significa el armado de una guerra cultural que la izquierda mexicana, en sus versiones más moderadas, está ganando. Hace décadas, Carlos Castillo Pereza, miembro conspicuo del PAN, uno de los últimos pensadores de la derecha mexicana, afirmó que, en relación al entonces partido único gobernante, el PRI, la derecha había ganado su propia guerra cultural. Tenía razón, el campo político también es parte de las batallas, no solo por el poder, sino también por las consciencias. De ahí que afirme que, en este momento histórico, la izquierda obradorista está ganando una batalla cultural, la del siglo XXI.

Democracia, justicia, igualdad, empoderamiento de los más vulnerables, organización de los ciudadanos, concientización, comunicación alternativa, exhibición de los modos y mañas de los medios corporativos, sus dueños y comentócratas, son solo algunos de los elementos de la guerra cultural de la izquierda. Mientras las llamadas “izquierdas verdaderas”, destacadamente las alineadas a la derecha –PRD y grupúsculos afines, las enquistadas en algunos medios alternativos en los que la narrativa estalinista sobresale –Julio Astillero y su dizque periodismo en resistencia- y otros periodismos críticos que dan como ciertas cartas y declaraciones de narcos –Jesús Lemus-, se posicionan desde la derecha y el infantilismo de izquierda en contra de AMLO y la 4T, la izquierda obradorista, conformada por diversidad de personajes, posturas y narrativas –a veces contradictorias- pavimenta el camino de una batalla cultural.

Con todo, como Pablo Iglesias, el español fundador de Podemos, afirmó con Sabina Berman (Largo aliento, Canal Once), la comunicación tiene que ser fundamental porque la derecha opera una guerra ideológica que intenta socavar las bases de la guerra cultural de la izquierda obradorista. Se trata de que la 4T construya sus propios canales de comunicación alternos –no los medios públicos o del Estado- para fundamentar su propia guerra ideológica y cultural contra la derecha. La izquierda, con AMLO, llegó con una fuerza nada desdeñable. Y en los casi seis años del primer gobierno de izquierda moderada, operó, por medio de la mañanera, una forma de comunicación novedosa y fundadora de consciencias políticas e ideológicas alejadas del mainstream que terminó derechizándose sin cortapisas. La izquierda partidista, representaba por el PRD, se alió a la derecha partidista con la finalidad de salvarse a sí misma, pero solo logró fracasar y desdibujarse.

Algo similar ocurre con los intelectuales que intentan seguir definiendo la agenda pública. Desde el gobierno de Salinas de Gortari, no solo fueron definiéndose como buenos comerciantes para obtener cuantiosos recursos públicos y ser parte de la elite económica, sino también impusieron cierta agenda sobre lo público, en la que el neoliberalismo, en sus diferentes versiones –democracia sin adjetivos, socialdemocracia, izquierda verdadera- conformó la plataforma ideológica de la derecha. Mientras, la intelectualidad de izquierda contribuía a la fundación y movilización de amplios sectores de la sociedad a partir de los caminos que AMLO fue construyendo, y de las propias experiencias de las izquierdas que, a pesar de la represión, cárcel y desaparecidos del régimen priista, conformó sus propios caminos, los que hoy han sido renovados por esa izquierda obradorista que aspira a transformar este país.

En este sentido, la guerra cultural de la izquierda, para ser ganada, debe ser fundamentada por canales y medios de comunicación alternos, la organización de amplios sectores de la sociedad, una parte adentro de Morena, otra como parte de los gobiernos federal, estatales y municipales, y la narrativa que la intelectualidad de izquierda cercana al obradorismo debe ir construyendo, no solo como contranarrativa a la derecha, sino como parte de la guerra cultural de izquierda.