Se calcula que la gobernadora de Chihuahua, María Eugenia Campos, ha
pagado, del erario público, es decir, de los impuestos de los chihuahuenses,
más de mil millones de pesos para que los medios corporativos en la ciudad de
México la defiendan, le den espacios y le hagan entrevistas a modo. Pero, craso
error, viendo las entrevistas, lo que causa a quien las ve, es un efecto
adverso de gente como el corruptazo Ciro Gómez Leyva, la cipaya Adela Micha, o
el adulador Joaquín López Dóriga, al pretender narrar a sus audiencias los
delirios de una mujer que ha sido tildada de consumir bebidas espirituosas en
exceso. El delirio mediático de la gobernadora fue evidente. Entre
contradicciones, estupideces, negaciones de que no sabía y aceptación de que sí
sabía, la señora Campos se derrumbó. Si pagó tanto dinero del erario público
para que la cubrieran de un halo angelical, no lo lograron.
Por supuesto, no fue problema de los amigos del grupo Radio Fórmula,
Latinus o cualquiero otro amigo de los medios corporativos que la
entrevistaron. Siguieron el guion, le hicieron las preguntas previamente
pactadas, pero la gobernadora fue, no solo inconsistente en sus respuestas,
sino incoherente. Parecía perdida y sin una brújula. Es hilarante la entrevista
que pretendió hacerle Joaquín López Dóriga, en la que la entrevistada alegaba
que le movían el teleprompter, mientras López Dóriga le insistía que nadie le
estaba moviendo nada. Fue el paroxismo del delirio mediático de una gobernadora
traidora a la patria, quien pasó de negar que nada sabía a aceptar que siempre
sí supo de la presencia de los agentes de la CIA en Chihuahua. Adicionalmente,
ha sido exhibido públicamente un acuerdo con el gobierno de Texas para
actividades fuera de la ley en territorio mexicano. Y nadie de los entrevistados
pudo evitar las estupideces de la gobernadora.
La derecha se especializa en delirios mediáticos. Lilly Téllez, Ricardo
Anaya, Jorge Romero, entre otros integrantes del PAN, esa derecha que día a día
es buen ejemplo del fascismo que actualmente recorre el mundo, usan sus
delirios personales y partidistas para atacar a la presidenta de México y a la
4T. El problema es que sus delirios mediáticos no tienen asidero con la
realidad. La gobernadora de Chihuahua es un gran ejemplo de los delirios del PAN.
Al pretender erigirla como su candidata a la presidencia en 2030, reivindican
su elitismo, racismo, clasismo y las mentiras que forman parte de su ejercicio
gubernamental. Es la otra cara de la candidatura de Xóchitl Gálvez, a quien
pretendieron vender como una prístina “indígena” que jamás tuvo argumentos y
menos un discurso coherente para oponerse a la actual presidenta de México. Que
la señora Campos diga que la presidenta de México “tiene su celular” si le
quiere hablar, no es un reto, como la prensa sicaria corporativa pretende, es
un insulto.
Y los mexicanos saben que la presidenta de México tiene que ser
respetada, nada que ver con “merecer”. La investidura presidencial está por
encima de una gobernadora vende patrias, que usa el erario público para que le
hagan propaganda por sus estupideces, además de que en Chihuahua se conoce y
reconoce que su gobernadora abusa del alcohol. Ante tantos negativos, la señora
Campos, su corrupto abogado, Gil Zuarth, sus mercadólogos y asesores,
decidieron sustraer del erario público millones de pesos para organizarle una
gira de medios en la que destacaron sus incoherencias, contradicciones y
confesiones de culpabilidad. Aunque públicamente insista en que no “sabía” de
la presencia de cuatro agentes de la CIA en Chihuahua, menos de la lamentable
muerte de dos de ellos, quienes iban con vestimenta de la fiscalía estatal, por
supuesto que miente. Incluso, no puede deslindarse de la construcción de un
edificio –una torre- en el que un piso completo está destinado para agentes
estadounidenses (DEA, CIA, FBI). Asimismo, confesó que había ordenado la detención
de mexicanos, acorde con las órdenes de las agencias de Estados Unidos, para
entregarlos ilegalmente a ese país.