Es importante recordar que hace 20 años, el PRIAN, sus aparatos
burocráticos electorales, las elites empresariales y políticas, maquinaron un
monstruoso fraude electoral que todavía millones de mexicanos recuerdan. El periodista
Francisco Cruz recuerda que antes de las elecciones de 2006, un personero del
PRIAN llegó a la embajada de Estados Unidos en México para comunicarle al
embajador que el espurio Felipe Calderón ganaría la presidencia por escaso
margen, pero que sería el presidente que el gobierno intervencionista
estadounidense esperaba. Y el PRIAN cumplió: en diciembre de 2006, emprendió
una guerra genocida con armas de ese país con la finalidad de entronizar a un
cartel de las drogas, en contra de otro. Su secretario de Seguridad, hoy preso
en el país del norte por narcotráfico, pergeñó un plan, con el gobierno de ese
país, para asesinar mexicanos y dar continuidad al tráfico de drogas al mismo.
Ni Estados Unidos ni el PRIAN, a pesar de la celebración del espurio Felipe
Calderón y sus seguidores y bots en redes sociales, se pueden decir ajenos al
quiebre de la democracia en México en 2006. Es necesario recordar que AMLO fue
desaforado por intentar abrir una calle en un terreno privado para un hospital,
no para el goce de políticos y empresarios. Pero fue el gran pretexto del peor
presidente de México, Vicente Fox, para intentar borrar a un jefe de gobierno
que la gente, no solo los habitantes de la CDMX, sino a nivel nacional, veían
como su candidato natural. La intención del PRIAN y del empresariado
ultraderechista era quebrar anticipadamente la democracia mexicana. Supusieron
que un pretexto imbécil sería suficiente para sepultar a un político con las
agallas y la trayectoria de AMLO. Ante tal hecho, la movilización cundió y el marihuano
Vicente Fox tuvo que recular. Tenía todas las de perder. Y así fue. Vicente Fox
sigue hundido en la basura de la historia y Felipe Calderón es un reputado
narco y asesino.
La guerra esquizofrénica que emprendió Felipe Calderón, con la fatídica
intervención de su narco secretario de Seguridad, hoy preso en Estados Unidos,
no solo fue para intentar legitimarse, pues nunca lo logró, aunque concitó
aplausos de la derecha sociedad civil, políticos y empresarios fascistoides,
sino para satisfacer los fines de el país del norte. Para el gobierno estadounidense
el aniquilamiento de los narcos en sus países de origen, dejan a salvo iniciar
una guerra interna que implicaría acabar con miles de pandillas y carteles en
ese país que transfieren miles de millones de dólares a su sistema financiero,
producto de la introducción de drogas y su distribución entre millones de
adictos de una sociedad quebrada social y políticamente. Aunque las muertes por
drogas letales han tendido a disminuir en los últimos años, no es por una
política gubernamental, sino por elecciones individuales que han implicado la
baja en el consumo de drogas altamente adictivas.
El fraude electoral de 2006, no auguraba un sexenio diferente al de
Vicente Fox. El PAN carece de un proyecto de nación que realmente implique
cambios profundos en un país como México en el que se arrastran graves
problemas. Recientemente, Jorge Romero, el corrupto presidente del PAN, cabeza
del cartel inmobiliario de CDMX, presentó un decálogo de malas intenciones que
solo anuncian el regreso al pasado neoliberal, pero en condiciones de lo que el
capitalismo salvaje impone. Privatizar empresas públicas, desfondar programas
sociales –en realidad derechos sociales-, entronizar a las hordas empresariales
fascistas, entre otras “propuestas”, cuya finalidad es restaurar privilegios de
unos pocos y hundir a millones en la miseria. Millones de mexicanos han salido
de la pobreza con las políticas económicas y sociales del obradorismo, AMLO, la
4T y Claudia Sheinbaum, pero el prianismo intenta vender la idea de que durante
el gobierno de Vicente Fox muchos mexicanos dejaron de ser pobres, pero sus
cifras maquilladas no les alcanzan. Es necesario enfatizar que el fraude
electoral de 2006 es hundir a México. No hay vuelta atrás.