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sábado, 4 de julio de 2026

A 20 años del fraude de 2006 y de una guerra esquizofrénica

 

Es importante recordar que hace 20 años, el PRIAN, sus aparatos burocráticos electorales, las elites empresariales y políticas, maquinaron un monstruoso fraude electoral que todavía millones de mexicanos recuerdan. El periodista Francisco Cruz recuerda que antes de las elecciones de 2006, un personero del PRIAN llegó a la embajada de Estados Unidos en México para comunicarle al embajador que el espurio Felipe Calderón ganaría la presidencia por escaso margen, pero que sería el presidente que el gobierno intervencionista estadounidense esperaba. Y el PRIAN cumplió: en diciembre de 2006, emprendió una guerra genocida con armas de ese país con la finalidad de entronizar a un cartel de las drogas, en contra de otro. Su secretario de Seguridad, hoy preso en el país del norte por narcotráfico, pergeñó un plan, con el gobierno de ese país, para asesinar mexicanos y dar continuidad al tráfico de drogas al mismo.

Ni Estados Unidos ni el PRIAN, a pesar de la celebración del espurio Felipe Calderón y sus seguidores y bots en redes sociales, se pueden decir ajenos al quiebre de la democracia en México en 2006. Es necesario recordar que AMLO fue desaforado por intentar abrir una calle en un terreno privado para un hospital, no para el goce de políticos y empresarios. Pero fue el gran pretexto del peor presidente de México, Vicente Fox, para intentar borrar a un jefe de gobierno que la gente, no solo los habitantes de la CDMX, sino a nivel nacional, veían como su candidato natural. La intención del PRIAN y del empresariado ultraderechista era quebrar anticipadamente la democracia mexicana. Supusieron que un pretexto imbécil sería suficiente para sepultar a un político con las agallas y la trayectoria de AMLO. Ante tal hecho, la movilización cundió y el marihuano Vicente Fox tuvo que recular. Tenía todas las de perder. Y así fue. Vicente Fox sigue hundido en la basura de la historia y Felipe Calderón es un reputado narco y asesino.

La guerra esquizofrénica que emprendió Felipe Calderón, con la fatídica intervención de su narco secretario de Seguridad, hoy preso en Estados Unidos, no solo fue para intentar legitimarse, pues nunca lo logró, aunque concitó aplausos de la derecha sociedad civil, políticos y empresarios fascistoides, sino para satisfacer los fines de el país del norte. Para el gobierno estadounidense el aniquilamiento de los narcos en sus países de origen, dejan a salvo iniciar una guerra interna que implicaría acabar con miles de pandillas y carteles en ese país que transfieren miles de millones de dólares a su sistema financiero, producto de la introducción de drogas y su distribución entre millones de adictos de una sociedad quebrada social y políticamente. Aunque las muertes por drogas letales han tendido a disminuir en los últimos años, no es por una política gubernamental, sino por elecciones individuales que han implicado la baja en el consumo de drogas altamente adictivas.

El fraude electoral de 2006, no auguraba un sexenio diferente al de Vicente Fox. El PAN carece de un proyecto de nación que realmente implique cambios profundos en un país como México en el que se arrastran graves problemas. Recientemente, Jorge Romero, el corrupto presidente del PAN, cabeza del cartel inmobiliario de CDMX, presentó un decálogo de malas intenciones que solo anuncian el regreso al pasado neoliberal, pero en condiciones de lo que el capitalismo salvaje impone. Privatizar empresas públicas, desfondar programas sociales –en realidad derechos sociales-, entronizar a las hordas empresariales fascistas, entre otras “propuestas”, cuya finalidad es restaurar privilegios de unos pocos y hundir a millones en la miseria. Millones de mexicanos han salido de la pobreza con las políticas económicas y sociales del obradorismo, AMLO, la 4T y Claudia Sheinbaum, pero el prianismo intenta vender la idea de que durante el gobierno de Vicente Fox muchos mexicanos dejaron de ser pobres, pero sus cifras maquilladas no les alcanzan. Es necesario enfatizar que el fraude electoral de 2006 es hundir a México. No hay vuelta atrás.

sábado, 8 de abril de 2023

La insoportable letalidad del fentanilo

 

Si bien la cruzada electoral en Estados Unidos, es el contexto propicio para los ataques y amenazas de invasión militar de algunos legisladores republicanos y demócratas a México, en ese país la crisis del fentanilo, en realidad una severa crisis de adicciones que ya no puede ser ignorada por la sociedad, el gobierno, las elites políticas y la oligarquía estadounidenses, está poniendo a prueba percepciones, conductas y relaciones familiares y colectivas. El país del norte siempre ha sido catalogado como el del “sueño americano”; un territorio pleno de libertades, donde importan más los individuos y el poder adquisitivo, donde se celebra al creciente número de millonarios y billonarios, donde no importa cómo, pero el éxito económico materializa el sueño de una nación racializada y clasista, que repele el fracaso económico individual y ensalza el cristianismo que alaba el dinero, el triunfo, tanto en nombre de su dios cristiano, como a costa de lo que sea para brillar, destacar, “ser alguien”; no un humano o una persona, solo el millonario o billonario.

Las guerras de Estados Unidos contra el mundo –comunismo, drogas, imperiales, socavamiento de la democracia que no se le parezca a su democracia, raciales, entre otras- nunca han estado libres de adicciones. Sus ejércitos siempre han llevado sus cargamentos, tanto para consumo propio como para promover e imponer sus adicciones a los “enemigos”. Buena parte de las adicciones en ese país, han sido sembradas por las grandes farmacéuticas, a las que lo único que les importa son las ganancias. Los opioides son el mejor ejemplo. Farmacéuticas y médicos en un sistema de salud privado al que no le impresiona, menos le importa, la salud de los ciudadanos, promueven diariamente el consumo “legal” de drogas para cualquier síntoma de enfermedades reales. Por ejemplo, el estrés postraumático, la mayoría resultado de la guerra, abusos y situaciones conflictivas extremas, externas e internas, requieren de drogas para que los estadounidenses prosigan su vida cotidiana.

Pero también las drogas “recreativas” tienen una amplia aceptación. La legalización de la marihuana, tanto para fines médicos como para uso personal, refleja un problema histórico severo de adicciones. Si bien los individuos tienen la libertad de elegir sus adicciones, a nivel público nunca se ha reconocido que es un problema de salud pública. Se supone que el poder adquisitivo y el éxito regulan las adicciones y el tipo de adicciones a las que se sujetan los estadounidenses. El problema también es que, antes de visibilizar el problema como interno, se busca culpar a otros países y pueblos como causantes de sus adicciones. La guerra contra las drogas inventada por Richard Nixon, es el ejemplo acabado. Por ello, la insoportable letalidad del fentanilo no ataca las adicciones individuales de los ciudadanos estadounidenses, sino que busca chivos expiatorios fuera de la nación norteamericana. Esa que, incluso migrantes mexicanos y de otros orígenes, siguen catalogando como la “gran nación”, pero ignoran sus perversidades y crímenes.

Estados Unidos no puede resumirse en su Constitución supuestamente libertaria y ejemplo para el mundo, menos en la arrogancia de Tocqueville, que creyó reconocer en ese país la “gran democracia”, tampoco en la doctrina Monroe que buscó exportar la “democracia estadounidense” a otros países y pueblos por medio de invasiones y golpes de estado. El hecho es que con cada invasión, el país del norte no solo invadió países, sojuzgó pueblos, sino también exportó e impuso el “american way of life” con la intención de desaparecer civilizaciones y culturas que estorban al capitalismo salvaje, depredador y de cuates prevaleciente en esa nación. Borrar otras culturas y sociedades es la finalidad del capitalismo estadounidense. Ponerlos en vitrinas y museos para mostrar el éxito del mercado y el cristianismo norteamericano sobre cualquier forma de vida humana y natural. Hoy es la insoportable letalidad del fentanilo. Siempre ha sido la insoportable necesidad del imperialismo estadunidense.