La balcanización de la izquierda mexicana es impresionante. De la
izquierda radical, guerrillera, se transitó a un mapa realmente pretencioso y
patético. Por ejemplo, como parte de ese nuevo ecosistema promovido por las
redes sociales, hay “izquierdistas” de distinto tinte. Los youtuberos han
empujado sus preferencias y pretensiones personales, hasta convertirlas en
posturas de cierta izquierda. Citaré a dos personajes que no sigo, pero que a
uno de ellos escucho cotidianamente sobre todo por sus entrevistados. Es el
caso de Vicente Serrano, cuyo canal Sin Censura tiene un buen público, aunque
el señor, que parece vivir de los dineros de sus seguidores, se queja amargamente
todos los días de que Youtube le baja a sus seguidores y que le den dinerito
para sus viajecitos a Estados Unidos. Este personaje es abierto y tiene una
propuesta de “izquierda” interesante, pero no así uno de sus invitados, uno
autollamado “Chapucero”, cuya chillona voz y andanada en contra de la presidenta
de México, la 4T y Morena, lo exhibe como el típico oportunista, quien, además,
según algunas fuentes consultadas, sí recibe recursos públicos allá en su natal
Tabasco.
Ambos personajes representan a dos espectros, reducidos, de una
izquierda youtubera: apoyo casi irrestricto a la presidenta de México, con
críticas a Morena y la 4T, y otro personaje que chillonea que no le dan
suficientes recursos para alabar al gobierno federal. También, están personajes
como Julio Astillero, muy diferente a los anteriores, que se dicen activistas y
periodistas “en resistencia”. Es muy plausible su postura sobre la Bahía de
Ohuira, pero transita, diariamente, de su activismo al golpeteo político. Justificador
irrestricto de la violencia derechista de la CNTE, sus posturas de izquierda
buenaondita terminan por balcanizar a la izquierda mexicana. Apoyar a las
luchas sociales, aunque sean violentas, es su manera izquierdoide de aparecer
en su espacio youtubero. Julio Hernández López escribe de lunes a viernes en La
Jornada, un periódico que anteriormente era de periodistas y que ahora es
regenteado por un empresariado derechista, en cuyos escritos se asume como
parte de una difusa y contradictoria izquierda buenaondita. Y en su espacio
youtubero, invita a una serie de abogados, académicos y “analistas” dispuestos
a darle la razón en sus manipulaciones de la información y del derecho a la
información.
En otros espacios youtuberos, se combina el vodevil, bastante imbécil,
con entrevistas a diversos personajes, algunos de los cuales se suelen
presentar como de izquierda, pero son realmente derechistas con programa de televisión
cerrada en la que su principal objetivo es la 4T, Morena y la presidencia de
México. Es el caso de la frívola estandopera –en buen español- Marcela Lecuona
y su amiguita Mitch –jamás me he aprendido su nombre por prescindible-, quien
ha entrevistado a personajes realmente interesantes, pero que de vez en cuando
invita a derechistas de cepa, sin cuestionarlos. Y la blanca y clasista se
asume de izquierda. Es tan contradictoria su posición que resalta en sus entrevistas.
A nadie cuestiona, solo asume que todos tiene la razón, sean de derecha –sobre todo,
porque refuerzan sus valores e ideas- o de izquierda. Como Ariel Umpiérrez
señaló en el espacio de Jesús Escobar Tovar, es esa izquierda light que dice blablablá,
pero realmente no dice nada. Esa es Marcela Lecuona y la tal Mitch, quien por
cuestionar una entrevista grabada al derechista Hernán Gómez Bruera, me
censuró.
Las izquierdas “light”, progres, izquierdas buenaondita, son un peligro
para el movimiento izquierdista, porque van de una crítica que en algún momento
fue justa, a la frivolidad del izquierdismo. Es el grave problema de la
izquierda actual. Navega entre la frivolidad estandopera y el youtuberismo
supuestamente crítico, pero que es simple golpeteo. No, no se trata de apoyar acríticamente
a la 4T, a Morena y sus yerros, a la presidenta de México, sino ser críticos
más allá del pseudoactivismo julioastillero y la frivolidad marcelismolecuona.
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