Da pena ajena leer algunos posicionamientos de los otrora intelectuales
de los gobiernos mexicanos neoliberales. Apapachados hasta que los hicieron
millonarios, por medio de la compra de sus inútiles libros y revistas,
dedicados a tergiversar la historia de México y justificar las desigualdades,
la pobreza y la concentración de la riqueza en pocas manos, hoy pocos los
escuchan y los leen. La reacción de esa “intelectualidad” es vergonzosa, peor
la de la comentocracia que rayonea las páginas de “opinión” de la prensa
corporativa golpista, con su odio y mentiras, es peor. Es el caso de Enrique
Krauze en el periódico fascistoide Reforma,
dirigido por un izquierdoide que se rindió al odio en contra de AMLO, Morena y
la 4T, por unas migajas.
El aplaudido intelectual derechista, que se convirtió en millonario con
recursos públicos, como algunos empresarios hoy multimillonarios, escribió,
ante la invasión a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, que
venía la recuperación de ese país, antes “sumido” en la dictadura chavista.
Ahora, palabras más, palabras menos, llegó la “democracia”. No tardó el propio
Donald Trump en contradecir a todos los que lo aplaudieron en nombre de la
“libertad” y la “democracia”: es el petróleo, estúpidos. Efectivamente, a Donald
Trump no le interesa la democracia y la libertad, le interesan los recursos
naturales de los países que pueda y quiera invadir. Los ciudadanos y gobiernos
de los países invadidos, son un obstáculo para la oligarquía estadounidense, el
complejo militar-industrial y el Deep
State.
No hay duda que la libertad y la democracia son simples eufemismos para
Estados Unidos y Donald Trump. La embestida del imperio en decadencia, buscando
recuperar la hegemonía perdida, es clara: recursos naturales para su industria
militar (petróleo, litio y otras tierras raras). En ese país la situación
económica empeora para millones de estadounidenses e inmigrantes. Los segundos
son los que se están llevando la peor parte, aunque el estadounidense medio no
ha reducido su ritmo de gastos, endeudándose con sus tarjetas de crédito, mientras
la inflación sigue alta, también está en apuros. Solo los millonarios y
multimillonarios están de fiesta. Estos últimos llevarán sus dólares a
Venezuela para adueñarse del petróleo. Porque hay que repetirlo: es el
petróleo, estúpido. Y la fascista María Corina Machado fue echa a un lado.
El amo de Estados Unidos, Donald Trump, no va a compartir su supuesto
“triunfo” con una mediocre fascista, quien estuvo promoviendo, no solo la
invasión de Estados Unidos a Venezuela, sino también que ese país se apropie
del petróleo venezolano y otros recursos naturales. La oposición venezolana,
como la oposición en otros países latinoamericanos son prescindibles. El
embajador de Argentina en la ONU y el presidente Noboa de Ecuador, hicieron un
gran ridículo afirmando que tenían informes de inteligencia sobre la supuesta
existencia u operación del “Cartel de los Soles”, mentira que se les cayó unos
días después cuando el propio Departamento de Estado precisó que ese cartel no
existe, sino que se refiere a una red de corrupción.
Así como se deshizo de Corina Machado y su falderito, supuesto
presidente de Venezuela, autoexiliado en España, lo hará con el delincuente
fiscal Ricardo Salinas Pliego, Alito Moreno, Lilly Téllez, Ricardo Anaya y la
caterva de supuestos opinadores e intelectuales derechistas mexicanos. Son su
comparsa, pero son prescindibles. Para Trump está claro que le interesa el
petróleo. Ahora anuncia que Venezuela le “entregará”, no comprará, entre 30 y
50 millones de barriles de petróleo. Es el saqueo, la depredación. El capitalismo
salvaje en su mayor expresión. Igualmente, esta situación hasta ha dejado con
un pasmo y con la lengua mordida a algunos sectores de la izquierda mexicana
que, por un lado, reclaman que el gobierno mexicano se radicalice, y por el
otro, rechazaban la revolución bolivariana. Es el petróleo, estúpido, no la democracia,
menos la libertad. Es un acto terrorista del imperialismo.
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