jueves, 29 de enero de 2026

Feminicidio

 

Pocos hombres y mujeres, en particular, tienen claridad sobre el feminicidio. Pero es muy preciso: es el asesinato u homicidio de una mujer, simple y llanamente por ser mujer. En algunas situaciones feminicidas pueden participar o saber algunas mujeres, pero no denuncian ni dicen nada, por sus vínculos con el feminicida. Hay casos realmente atroces. Si bien, en la mayoría de las ocasiones un autor material es el –aparente- solitario asesino, en otros, se sabe que gente cercana al feminicida se enteró o tuvo información que no implicó una denuncia. Se supo, pero se decidió ocultar o ignorar. Los humanos suelen ocultar lo que sus amigos o amantes hacen, sobre todo si se trata de un asesinato. Sus justificaciones son simplistas: lo amaba, no creía, era mi amigo, etc. Cualquier pretexto es bueno para encubrir un crimen. Cientos de casos son descritos en la prensa roja. Y estas situaciones pueden incluir a otras mujeres, pero en particular a hombres. El género, en estos casos, parece que puede jugar un papel importante.

Sin embargo, cuando se revisan algunos casos en los que no hubo ocultamiento o complicidad, sino una actuación violenta y soterrada, el feminicidio toma otra configuración. Los hombres suelen asesinar a las mujeres –novias, esposas, concubinas, parejas, etc.- solo por ser mujeres, pero en muchas ocasiones gente cercana –mujeres u hombres- saben lo que sucedió, pero no hacen nada. Se escudan en el “amor” o la “amistad” por el feminicida. La mujer asesinada queda en un plano menor. Seguro han de pensar que “algo” hizo para “enardecer” al feminicida o que sucedió porque la mujer se lo merecía. Por ello, es realmente cuestionable que una amiga del feminicida Diego Urik, quien en Morelia asesino a Jessica, ahora salga en #Instagram a justificarse. Cuestiona a sus “haters”, pero en ningún momento asume que es cómplice de feminicidio y que, en su momento, supo que su amante había asesinado a otra mujer. Hoy dice que ha “salvado” a otras mujeres de lo que no “salvó” a Jessica.

Esta mujer es cómplice de feminicidio, porque supo que su “amor” había asesinado a Jessica. Y no solo ella. Al menos otras dos personas lo supieron, pero no denunciaron el atroz asesinato. Fue la autoridad la que, presionada por los familiares de la asesinada, que llevaron a la justicia a Diego Urik. Si bien, esta mujer y sus amigos fueron llamados como testigos, no hubo consecuencias por su complicidad. En estos últimos días, el feminicida recibió 50 años por su atroz crimen, mientras una de sus cómplices sale en #Instagram a decir “su verdad”, es decir, una verdad manipulada, psicologizada y psiquiatrizada, pero en la que no asume su complicidad en el atroz asesinato. A veces, algunas mujeres son enemigas de otras mujeres, pero no es porque sí, sino porque el patriarcado lo exige. Entre los hombres, abundan los cómplices para lo que sea: violaciones, abusos, maltrato, asesinatos, pero algunas mujeres se convierten en cómplices por “amor”, es decir, por sumisión al patriarcado.

No ignoraré los cuestionamientos que podrían surgir de este comentario, pero es necesario desenmascarar el simplismo y lo que se quiere asumir como una declaración para ahuyentar demonios que los psicólogos y psiquiatras pretenden limpiar después de costosos lloriqueos autovictimizantes de cómplices de un feminicidio. En el video de esta mujer que intenta justificar su amor por un feminicida, no hay la asunción de complicidad e ignorancia que exhibió en su momento cuando supo del feminicidio de Jessica. 50 años no son suficientes para un feminicida. No soy partidario de la pena de muerte, pero Diego Urik merecía más años. Un joven que quizás pudo haber tenido algo de empatía con su novia, pero que no le importó. Un joven privilegiado, quien no tuvo una vida precaria. Un joven que fue defendido por su miserable familia, a pesar de saber que había asesinado a una mujer. Un joven cuya familia pagó abogados para intentar librarlo de un atroz feminicidio. La vida, en estos casos, no es injusta. La justicia llega, a veces.

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