Pocos hombres y mujeres, en particular, tienen claridad sobre el
feminicidio. Pero es muy preciso: es el asesinato u homicidio de una mujer, simple
y llanamente por ser mujer. En algunas situaciones feminicidas pueden
participar o saber algunas mujeres, pero no denuncian ni dicen nada, por sus
vínculos con el feminicida. Hay casos realmente atroces. Si bien, en la mayoría
de las ocasiones un autor material es el –aparente- solitario asesino, en
otros, se sabe que gente cercana al feminicida se enteró o tuvo información que
no implicó una denuncia. Se supo, pero se decidió ocultar o ignorar. Los humanos
suelen ocultar lo que sus amigos o amantes hacen, sobre todo si se trata de un
asesinato. Sus justificaciones son simplistas: lo amaba, no creía, era mi
amigo, etc. Cualquier pretexto es bueno para encubrir un crimen. Cientos de
casos son descritos en la prensa roja. Y estas situaciones pueden incluir a
otras mujeres, pero en particular a hombres. El género, en estos casos, parece que
puede jugar un papel importante.
Sin embargo, cuando se revisan algunos casos en los que no hubo
ocultamiento o complicidad, sino una actuación violenta y soterrada, el
feminicidio toma otra configuración. Los hombres suelen asesinar a las mujeres –novias,
esposas, concubinas, parejas, etc.- solo por ser mujeres, pero en muchas
ocasiones gente cercana –mujeres u hombres- saben lo que sucedió, pero no hacen
nada. Se escudan en el “amor” o la “amistad” por el feminicida. La mujer
asesinada queda en un plano menor. Seguro han de pensar que “algo” hizo para “enardecer”
al feminicida o que sucedió porque la mujer se lo merecía. Por ello, es
realmente cuestionable que una amiga del feminicida Diego Urik, quien en Morelia
asesino a Jessica, ahora salga en #Instagram a justificarse. Cuestiona a sus “haters”,
pero en ningún momento asume que es cómplice de feminicidio y que, en su momento,
supo que su amante había asesinado a otra mujer. Hoy dice que ha “salvado” a
otras mujeres de lo que no “salvó” a Jessica.
Esta mujer es cómplice de feminicidio, porque supo que su “amor” había
asesinado a Jessica. Y no solo ella. Al menos otras dos personas lo supieron,
pero no denunciaron el atroz asesinato. Fue la autoridad la que, presionada por
los familiares de la asesinada, que llevaron a la justicia a Diego Urik. Si bien,
esta mujer y sus amigos fueron llamados como testigos, no hubo consecuencias
por su complicidad. En estos últimos días, el feminicida recibió 50 años por su
atroz crimen, mientras una de sus cómplices sale en #Instagram a decir “su
verdad”, es decir, una verdad manipulada, psicologizada y psiquiatrizada, pero
en la que no asume su complicidad en el atroz asesinato. A veces, algunas
mujeres son enemigas de otras mujeres, pero no es porque sí, sino porque el
patriarcado lo exige. Entre los hombres, abundan los cómplices para lo que sea:
violaciones, abusos, maltrato, asesinatos, pero algunas mujeres se convierten
en cómplices por “amor”, es decir, por sumisión al patriarcado.
No ignoraré los cuestionamientos que podrían surgir de este comentario,
pero es necesario desenmascarar el simplismo y lo que se quiere asumir como una
declaración para ahuyentar demonios que los psicólogos y psiquiatras pretenden
limpiar después de costosos lloriqueos autovictimizantes de cómplices de un
feminicidio. En el video de esta mujer que intenta justificar su amor por un
feminicida, no hay la asunción de complicidad e ignorancia que exhibió en su
momento cuando supo del feminicidio de Jessica. 50 años no son suficientes para
un feminicida. No soy partidario de la pena de muerte, pero Diego Urik merecía
más años. Un joven que quizás pudo haber tenido algo de empatía con su novia,
pero que no le importó. Un joven privilegiado, quien no tuvo una vida precaria.
Un joven que fue defendido por su miserable familia, a pesar de saber que había
asesinado a una mujer. Un joven cuya familia pagó abogados para intentar
librarlo de un atroz feminicidio. La vida, en estos casos, no es injusta. La justicia
llega, a veces.
No hay comentarios:
Publicar un comentario