Este es un asunto recurrente en la vida de este escribano. Nunca lo he
pensado o fantaseado, pero conocí a varias personas que lo lograron, sin
fantasearlo, sin pensarlo. Lo hicieron y punto. La vox populi suele llamarle al
suicidio la puerta falsa. Incluso algunos “expertos”, quienes jamás han estado
en el lugar del suicida y de sus familiares, lo afirman. Desde la supuesta
expertis de psicólogos, terapeutas, tanatólogos y otros que se van sumando,
existen signos y conductas de las que hay que estar “pendientes”, porque
parecen ser evidentes. Pero esto es falso, desde el punto de vista de este
escribano pariente de suicidas. Nadie, por más atento que esté al
comportamiento de un padre, tío, sobrino, amigo, se puede imaginar que un día
se suicidará. La expertis de la que presumen muchos ni siquiera se acerca a la
realidad del suicidio, los suicidas y su parentela. Sucede, aunque previamente
se haya visto al suicida tranquilo, asimilando problemas o sin jamás haber
presentado conductas que antecedieran a su propia muerte.
Con todo, es probable que los suicidas alguna vez hayan pensado en que
desparecer de este mundo resolvería muchos problemas propios y de sus
familiares más cercanos. Pero en otros, es más probable que el acto suicida sea
parte de una situación límite, de un espontáneo “hasta aquí”. El suicidio de mi
padre siempre ha estado revoloteando en mi mente. Sucedió hace tantos años que
debería haberlo olvidado, pero no es así, porque algunas pocas imágenes de la
convivencia con él y de su propia muerte –la nota roja periodística publicó una
fotografía que no alcanzo a ver bien, solo veo a una persona que se ahorcó en
una celda-, no me han permitido acceder al suceso y lo que implicó. Jamás he
vivido el suicidio de mi padre como parte de mi vida. Sé que su figura me hizo falta
en mi propia vida, pero lo único que he sabido es que fue detenido alcoholizado
y encarcelado. Y al día siguiente amaneció muerto. Sin mayores explicaciones de
la autoridad que lo custodiaba. Miré muy de lejos el suceso, porque el rechazo
de mi familia materna a mi padre me había puesto en otro sitio.
Hace quizás unos diez años, un primo de mi hijo, el único vástago de una
excuñada, se suicidó. Un joven de veintitantos años, músico, estudiante de
psicología, aparentemente lleno de energía para la vida. Lo que supe es que su
madre, el día del suicidio, no podía entrar a su casa, porque el joven, al
parecer, había puesto algún obstáculo para entrar, y tuvo que hablarle a un
amigo para que ingresara a su casa. Es decir, su mamá sabía que algo grave
pasó, pero el miedo la paralizó, lo que indica que tuvo “señales”, como dicen
los “expertos”, pero no las atendió. Incluso, uno de sus tíos biológicos afirmó
que un par de meses antes, en el contexto de la ruptura del joven con una
pareja, él le habría expresado que estaba bien. Una situación contradictoria. La
familia de mi expareja, tiene problemas que atañen a la mente y el cerebro. Mi expareja,
es bipolar, pero no es la única. Depresión, bulimia, bipolaridad, siempre han
estado presentes. Mi suegra, de quien solo puedo decir lo maravillosa que era –poeta,
lectora, fumadora, fiestera, repudiada por su esposo por su “locura”-, mientras
sus hijos e hijas justificaban que mi suegro tuviera como amante a su
secretaria, murió por un accidente doméstico mal atendido. ¿Un suicidio?
Estos tres casos –actualmente estoy escribiendo un libro que ojalá salga
pronto, aunque sea financiado por mis escasos recursos- me llevan a
reflexionar, como cada año, sobre el suicidio y los suicidas en México. Cuando mi
padre murió, nadie de mi familia materna fue a su funeral. Cuando mi sobrino se
suicidó, hubo un desfile de dolientes, pero solo escuché a mi ex decir que se
había ahorcado; así, sin preámbulos. Cuando mi suegra murió de una septicemia
avanzada, por el accidente en el que se fracturó una mano, solo escuché que no
de sus hijos alegaran que mejor ni hicieran nada. Y sobre el suicidio del
sobrino, solo escuché a su madre decir que “ya lo había trabajado mucho con su terapeuta”.
Es decir, a nadie le importa el suicidio y los suicidas. Creo.
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