viernes, 28 de noviembre de 2025

Michoacán ¿estado narco?

 

Llevo más de 40 años viviendo en el hermoso estado de Michoacán. Arribé a Zamora, cuando era una localidad en la que lo rural parecía prevalecer. Varios de los estudios realizados por estudiantes y profesores de El Colegio de Michoacán, tuvieron a esa vieja Zamora como centro neurálgico de un área que se estaba transformando rápidamente. Nuestra estancia como estudiantes, a pesar de saber de algunas situaciones difíciles, fue realmente simple. Excepto algunos compañeros que fueron echados de la gran sede académica del Bajío que el gran historiador don Luis González y González fundó, varios otros compañeros terminamos nuestra formación, pero sin ignorar que ciertas formas de producción agrícolas estaban dominadas, no solo por ciertos empresarios, sino también por algunos grupos non sanctos. Quizás lo que me asombró en esa época idílica, en la que se nos recomendaba no tener una vida nocturna activa, no solo por estar en el ColMIch para estudiar según los cánones de don Luis González, sino por un lugar que se iba haciendo difícil. Por supuesto, algunos compañeros tenían esa vida “prohibida” y más.

En aquellas épocas –ochenta y noventa-, todos los que vivimos en Zamora, sabíamos que algo andaba mal en Michoacán. En lo ambiental, en inseguridad, en dominio de grupos delincuenciales, y en oligarquías burguesas tradicionales aliándose con grupos delincuenciales. Pero, es posterior a las cabezas en una discoteque en Uruapan, y la declaración de guerra del asesino Felipe Calderón, en diciembre de 2006, que a muchos se nos mostró que había gente que conspiraba en contra de los michoacanos. Vi los bloqueos carreteros y el miedo. En los 2000, nadie podía garantizar que los michoacanos no estuvieran fuera de la violencia delincuencial. Con el llamado “granadazo” muchos entendimos que nadie estaba seguro. Y comenzaron a llegar los informes de la vinculación de los gobiernos estatales, con las violencias y los grupos delincuenciales. A nadie sorprendió –excepto a la UVAQ que la tiene como responsable de la carrera de sociología- que la hermana del asesino Felipe Caldero, quien tenía vínculos documentables con la delincuencia organizada michoacana, fuera promovida como candidata a la gubernatura por el PAN.

A pesar de este adverso contexto, puedo afirmar que Michoacán no es un estado narco. Hay una guerra soterrada entre grupos delincuenciales, por territorios, plazas, trasiego de estupefacientes, áreas de extorsión, vínculos empresariales y delincuentes, etc., como es el caso de Uruapan. La zona de Uruapan –Tierra Templada, se le suele llamar- es una extensa zona ecológica, ambiental social, económica, productiva, de transición entre la Tierra Fría –la hermosa Sierra Purhépecha, habitada por la etnia Purhépecha y amplios conglomerados mestizos- a la Tierra Caliente, en la que Apatzingán es el emblemático centro del área calentana. Muchos pueblos Purhépechas se han organizado para defender sus bosques, tierras y formas culturales y sociales de existencia. Asimismo, la zona zamorana, parte de territorios aledaños al Lago de Chapala y Jalisco –una zona que don Luis González llamó el JalMich-, asiento de pequeños productores no indígenas, más cercanos al criollo los Altos de Jalisco, está bajo constante amenaza.

Son vox populi los supuestos vínculos entre gobiernos estatal y municipales, con las diferentes delincuencias, organizadas o no, pero estas relaciones –muchas por ser probadas y documentadas- no hace de Michoacán un estado narco. En mi opinión, los michoacanos construyen todos los días zonas de resistencia a diferentes niveles. Algunos pueblos Purhépechas, por ejemplo, se ha organizado para defender sus territorios. Las famosas rondas de Cherán, son ejemplo. Y en lo cotidiano –vivo en un área urbana gobernada por el PAN, en la que, a pesar del blablá de ese partido, a diario ejecutan a alguien, pero las personas salimos diariamente a trabajar, de compras, a disfrutar de muchas actividades culturales, y regresamos a nuestras casas a descansar para despertar otro día. Algún día contaré algunos horrores que vi, pero que no sufrí.

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