Las izquierdas en América Latina, están pasmadas ante el ataque de
Donald Trump contra Venezuela y, lo que parece, el sometimiento del
chavismo-madurismo en ese país. Hay resistencia, pero ante las circunstancias
de un imperio envalentonado, la cúpula madurista está negociando con su peor
enemigo. Hoy se sabe que pronto reinstalarán embajadas en ambas naciones. Dicen
que las apariencias engañan, pero la reacción del chavismo-madurismo está
limitada. A nivel latinoamericano, el golpe asesino del Trumpismo –lancheros asesinados,
guardia personal de Nicolás Maduro asesinados, bombardeos en varias ciudades,
incluida Caracas- puso a las izquierdas en jaque. Pocos pronunciamientos contundentes,
intelectuales desarticulados, prensa de izquierda que primero se justifica con
el “mal gobierno” de Maduro, izquierdas electorales y mandatarios progresistas
tibios.
Durante varios meses, la propia izquierda negó que Donald Trump golpearía
a Venezuela. No lo consideraban “capaz” de tal barbaridad, pero el escenario
mundial generó las condiciones para la acción bélica estadounidense. Las izquierdas,
tanto latinoamericanas como europeas y de otros países, no hicieron mucho para
condenar el genocidio en Gaza, menos las maniobras de la guerra Rusia-Ucrania. Tampoco
alzaron la voz para condenar el otorgamiento de un premio Nobel a una
cancerbera fascista como María Corina Machado. De la derecha se puede esperar
todo lo anterior. No dudaron en aplaudir al Trumpismo, sus amenazas, y
finalmente su ataque a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro. En
México, el comportamiento de las izquierdas no ha estado muy alejado del de las
izquierdas latinoamericanas y europeas. Las marchas a favor de los palestinos,
no están lideradas por la izquierda, sino por un conjunto de ciudadanos
horrorizados por el asesinato masivo de miles de palestinos.
En este contexto, sobresale la complicidad de medios de comunicación
corporativos golpistas y muchos alternativos, algunos de los cuales, en el caso
de México, se han centrado en la crítica feroz a las conferencias mañaneras o algunas
equivocaciones de la presidenta de México; muchos periodistas, tanto de los
medios corporativos como de los espacios alternativos –youtuberos-, antes que
condenar la invasión a Venezuela, se descartan del chavismo-madurismo, lo que
políticamente desvanece su supuesta oposición a la invasión; diversos académicos,
siguen la misma ruta del periodismo derechista y de izquierda, pues a su desaprobación,
precede el deslinde del madurismo, por considerar que Maduro era
antidemocrático y autoritarios, y finalmente, los dizque defensores de derechos
humanos, centran sus alegatos en las violaciones a los derechos humanos del
madurismo, lo que no es censurable, pero anteponen a la invasión y al
secuestro, sus fantasías sobre los derechos humanos. No ven, en la invasión de
Estados Unidos, y el secuestro del presidente Maduro, violaciones de facto a la
legalidad internacional y los derechos humanos.
Si bien, Nicolás Maduro no fue lo que muchos izquierdistas y progres
buenaondita hubiesen deseado, su secuestro y la violación a sus derechos
humanos es real. Asimismo, ignorar que el brutal bloqueo a Venezuela,
perpetrado por Estados Unidos y Europa, no impactó la economía y la vida de
millones de venezolanos que tuvieron que salir de su país porque sus
condiciones de vida fueron empeorando –unos 7 millones de venezolanos salieron
de su país, la mayoría rumbo a Estados Unidos, país que hoy los está expulsando,
mientras miles permanecen en México y otros países de América Latina en los que
se han tenido que asentar (en el caso de Chile, el próximo gobierno derechista
pinochetista ha amenazado con expulsarlos)- es criminal. Los dizque defensores
de derechos humanos, periodistas, académicos, izquierdistas y progres
buenaondita, viven en un mundo de fantasía en el sus principales referentes son
de derecha. A las izquierdas y los progresistas les hace falta calle y un golpe
de realidad.
No hay comentarios:
Publicar un comentario