sábado, 10 de enero de 2026

La tibieza del progresismo latinoamericano

 

Las izquierdas en América Latina, están pasmadas ante el ataque de Donald Trump contra Venezuela y, lo que parece, el sometimiento del chavismo-madurismo en ese país. Hay resistencia, pero ante las circunstancias de un imperio envalentonado, la cúpula madurista está negociando con su peor enemigo. Hoy se sabe que pronto reinstalarán embajadas en ambas naciones. Dicen que las apariencias engañan, pero la reacción del chavismo-madurismo está limitada. A nivel latinoamericano, el golpe asesino del Trumpismo –lancheros asesinados, guardia personal de Nicolás Maduro asesinados, bombardeos en varias ciudades, incluida Caracas- puso a las izquierdas en jaque. Pocos pronunciamientos contundentes, intelectuales desarticulados, prensa de izquierda que primero se justifica con el “mal gobierno” de Maduro, izquierdas electorales y mandatarios progresistas tibios.

Durante varios meses, la propia izquierda negó que Donald Trump golpearía a Venezuela. No lo consideraban “capaz” de tal barbaridad, pero el escenario mundial generó las condiciones para la acción bélica estadounidense. Las izquierdas, tanto latinoamericanas como europeas y de otros países, no hicieron mucho para condenar el genocidio en Gaza, menos las maniobras de la guerra Rusia-Ucrania. Tampoco alzaron la voz para condenar el otorgamiento de un premio Nobel a una cancerbera fascista como María Corina Machado. De la derecha se puede esperar todo lo anterior. No dudaron en aplaudir al Trumpismo, sus amenazas, y finalmente su ataque a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro. En México, el comportamiento de las izquierdas no ha estado muy alejado del de las izquierdas latinoamericanas y europeas. Las marchas a favor de los palestinos, no están lideradas por la izquierda, sino por un conjunto de ciudadanos horrorizados por el asesinato masivo de miles de palestinos.

En este contexto, sobresale la complicidad de medios de comunicación corporativos golpistas y muchos alternativos, algunos de los cuales, en el caso de México, se han centrado en la crítica feroz a las conferencias mañaneras o algunas equivocaciones de la presidenta de México; muchos periodistas, tanto de los medios corporativos como de los espacios alternativos –youtuberos-, antes que condenar la invasión a Venezuela, se descartan del chavismo-madurismo, lo que políticamente desvanece su supuesta oposición a la invasión; diversos académicos, siguen la misma ruta del periodismo derechista y de izquierda, pues a su desaprobación, precede el deslinde del madurismo, por considerar que Maduro era antidemocrático y autoritarios, y finalmente, los dizque defensores de derechos humanos, centran sus alegatos en las violaciones a los derechos humanos del madurismo, lo que no es censurable, pero anteponen a la invasión y al secuestro, sus fantasías sobre los derechos humanos. No ven, en la invasión de Estados Unidos, y el secuestro del presidente Maduro, violaciones de facto a la legalidad internacional y los derechos humanos.

Si bien, Nicolás Maduro no fue lo que muchos izquierdistas y progres buenaondita hubiesen deseado, su secuestro y la violación a sus derechos humanos es real. Asimismo, ignorar que el brutal bloqueo a Venezuela, perpetrado por Estados Unidos y Europa, no impactó la economía y la vida de millones de venezolanos que tuvieron que salir de su país porque sus condiciones de vida fueron empeorando –unos 7 millones de venezolanos salieron de su país, la mayoría rumbo a Estados Unidos, país que hoy los está expulsando, mientras miles permanecen en México y otros países de América Latina en los que se han tenido que asentar (en el caso de Chile, el próximo gobierno derechista pinochetista ha amenazado con expulsarlos)- es criminal. Los dizque defensores de derechos humanos, periodistas, académicos, izquierdistas y progres buenaondita, viven en un mundo de fantasía en el sus principales referentes son de derecha. A las izquierdas y los progresistas les hace falta calle y un golpe de realidad.

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