El ministro presidente de la SCJN, participó en Querétaro, en el
contexto de la reunión de aniversario de la Constitución de 1917, una situación
un tanto inapropiada. Permitió que dos de sus asistentes, ante un incidente de
café y crema que le cayeron en los zapatos, se agacharan a limpiárselos. La
nota principal fue publicada por La Jornada, cuyo reportero describió el hecho
como algo insólito, pero no escandalizó al respecto. La derecha fascista y sus
medios corporativos, en cambio, han iniciado un golpeteo político e ideológico,
tachando al ministro Aguilar de “racista”. Un indígena racista, pero el
fascismo mediático se olvida que el racismo inverso no existe y que el ministro
llegó a la SCJN por el voto popular. Los medios corporativos, desde antes de la
elección del actual Poder Judicial, enfilaron una campaña porque su favorita
SCJN anterior, ocupada por blancos y egresados de universidades elitistas,
cuyos escandalosos privilegios han sido exhibidos, pero de los que la
comentocracia privilegiada nada ha dicho.
Leer o escuchar los exabruptos de Azucena Uresti, Joaquín López Doriga,
Adela Micha, entre otros, no aguantan el análisis. Son una serie de
improperios, insultos y descalificaciones en contra de un hombre de los pueblos
originarios que actualmente ocupa la presidencia de la SCJN. Por supuesto, el
ministro presidente debió de haber evitado inmediatamente que sus asistentes
hicieran lo que hicieron, pero fue una equivocación que no se justifica con los
improperios de la derecha. Hace un par de semanas, las lujosas camionetas que
el área administrativa había adquirido, provocó un escándalo mediático, en el
incluso resaltó que el periódico Reforma había alterado los costos para hacer
su nota periodística más escandalosa. Lo que está claro, en esta nueva etapa
del Poder Judicial, y en particular de la SCJN, es la extrema vigilancia del
fascismo mexicano sobre sus integrantes, pues extrañan a la anterior SCJN que
les prodigaba amparos y privilegios. El mejor ejemplo es del deudor fiscal
Ricardo Salinas Pliego, quien sigue debiendo más de 30 mil millones de pesos.
No hay disculpa para el suceso en el que sus asistentes reaccionaron de
manera negativa, sin prever que los medios corporativos, de derecha e
izquierda, los están vigilando, tampoco en el hecho de que el ministro
presidente no se haya deslindado en el momento de una situación que
posteriormente les dio a los medios fascistas nota, que se convirtió en
insultos e improperios. A los medios corporativos golpistas no les interesan
las disculpas y explicaciones que después ofreció el ministro Aguilar. El hecho
es que están buscando escandalizar lo que sea para ocultar otros asuntos, como
las listas de mexicanos y mexicanas, sobre todo empresarios y miembros de las
elites económicas, en los archivos de Jeffrey Epstein, el conocido pedófilo y
pederasta que solía invitar a los oligarcas y políticos de todo el mundo a
compartir sus perversiones y abusos en contra de mujeres y menores de edad. En
ningún medio corporativo, se han revisado esas listas. Sin duda, aparecer en
esos archivos a nadie hace culpable de los crímenes sexuales de Epstein, pero
la sospecha se alimenta.
El desvarío de ministro Aguilar fue un buen pretexto para enfilar un
nuevo ataque racista, clasista y discriminatorio en contra de un personaje que
sin ambages se ha declarado oriundo de los pueblos originarios de este país. La
andanada de insultos e improperios son parte de un escándalo mediático que
busca desautorizar a la nueva SCJN. Los medios corporativos golpistas necesitan
a la anterior SCJN porque su blanquitud les autorizaba otorgar privilegios a
los oligarcas y a otras elites mediáticas. El presidente de la SCJN tendrá que
estar más atento a las situaciones en las que se involucra. Su investidura lo
exige y su arribo al máximo cargo del Poder Judicial, debe estar más allá de
cualquier diatriba y cuestionamiento insano y escandalosamente mediático de los
fascistas parapetados en los medios corporativos golpistas.
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