Según el Departamento de Estado de Estados Unidos, finalmente salieron a
la luz pública los últimos archivos de Jeffrey Epstein. Lo hasta ahora
publicado, porque seguro fueron expurgados con la finalidad de desvanecer a uno
de los protagonistas hoy en entredicho, revelan muchos escenarios: pedofilia,
pederastia, elites coludidas, manejo de fortunas sin origen claro, políticos de
diversas latitudes participando en las cenas del pedófilo, inversores ávidos de dividendos, cómplices ignorando al pedófilo y manipulación de documentos. Es
el caso del nombre de AMLO, el cual aparece citado, pero como parte de una
solicitud de información de la justicia estadounidense, no como parte del
entramado de la basura Epstein. Quien le crea a la basura Chumel Torres,
retuiteado por el fascista sionista Enrique Krauze, es lamentable. Son la
basura de la derecha y la ultraderecha mexicana que pretenden dar golpes de
imbecilidad diariamente.
A la par de su meteórica carrera financiara y multimillonaria vida,
Epstein fue tejiendo una red de pederastia y pedofilia en la que muchos
oligarcas participaban. En particular de Estados Unidos, pero hoy se conocen
nombres de otras nacionalidades. Como lo he suscrito en otros lados, no todos
los nombres que aparecen en los archivos Epstein pueden ser tildados de
pederastas y pedófilos, pero al menos de cómplices sí. Porque, según
testimonios de diversos personajes, en los círculos financieros y
delincuenciales se sabía de los perversos apetitos sexuales de Epstein por
cierto tipo de mujeres: menores de edad. Asimismo, eran conocidas sus fiestas
en la isla de su propiedad, las cuales no eran unas simples reuniones con
políticos, oligarcas, financieros y amigos íntimos, sino escenarios donde el
abuso de mujeres y menores de edad era la regla. El señor Epstein tenía a un
selecto grupo de amistades, multimillonarios y políticos, que compartían su
pasión pederasta y pedófila. Abusar de mujeres y menores de edad saciaba sus
apetitos.
La pedofilia y la pederastia no son privativas de las oligarquías, los
políticos poderosos y otros personajes. Ahora se sabe que Epstein mantenía cercana
correspondencia con académicos e intelectuales de diverso origen ideológico y
político. Tampoco significa que todos fueran pederastas y pedófilos, pero
confirma su complicidad. La diferencia crucial con el pederasta y el pedófilo
de poca monta, desclasado, a veces marginal, radica en que las elites tienen
poder económico y político, el cual ejercen de manera invariable sobre los y
las vulnerables. Son hombres y, a veces, mujeres a quienes no se les tienta el
corazón abusar de niños, niñas y otras mujeres de edad. Saben cómo ejercer sus
más bajos instintos humanos –porque son humanos, nos guste o no y son parte de
la evolución de la humanidad como especie dominante, aunque no se sabe de
especies supuestamente inferiores pederastas y pedófilas- porque el poder
económico y político les da la oportunidad de hacerlo.
Jeffrey Epstein, estadounidense de origen judío, nunca se limitó ante
las barreras religiosas e ideológicas -¿psicológicas?- que sus perversiones le
dictaron. No sabemos muchos de sus perversiones previas a su consolidación
financiera y amigo de oligarcas y políticos, pero es seguro que, desde joven,
esa pulsión pederasta y pedófila lo acompañó. Y la ejerció. La pederastia y la
pedofilia son pulsiones que llevan a muchos individuos a abusar de menores de
edad –niños o niñas- y a justificar sus acciones –como Sergio Sarmiento, el
defensor del deudor fiscal Ricardo Salinas Pliego, quien aparece al menos 77
veces en los archivos Epstein- como “amor” por los menores de edad. Dicen que
nadie debería impedirles expresar ese “amor”. Lo que en realidad señalan es que
abusar de menores de edad debería ser una regla. Si bien, el origen
socioeconómico y étnico no definen a un pederasta y pedófilo, el poder
económico y político hace una gran diferencia. Epstein lo sabía. Por eso
organizó una gran red en la que el financierismo era el parapeto para ocultar los
abusos en contra de mujeres y menores de edad.
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