El asesinato del tecladista Jonathan Meléndez y su familia, sigue
pegando fuerte a muchos sectores de la sociedad mexicana. Al convertirlo los
medios, en particular digitales y las redes sociales, en mediático, se disparó
una situación en la que la crueldad humana sobresale. Pero no es privativo de
ese caso. Gaza, por ejemplo, no debería sernos ajenos, porque exhibe claramente
la crueldad del Estado de Israel y sus actuales dirigentes. Tampoco olvidemos
que Estados Unidos bombardeó una escuela en Irán, en la que fueran asesinadas
más de cien niñas. La crueldad humana supera la realidad.
Con todo, el caso de Atizapán, Estado de México, es revelador de lo que
un mexicano puede hacer en contra de otros mexicanos. En el centro, al parecer,
estuvieron unas criptomonedas valuadas en 30 millones de pesos. Y un chantaje
que terminó en un asesinato atroz. La crueldad humana no tiene límites. Si
asesinan animales para alimentarse, asesinar a congéneres parece ser una
extensión de esa crueldad primigenia. Sin duda los humanos evolucionaron hasta
ahora, porque su alimentación cambió durante miles de años hasta incluir
alimentos más allá de lo agrícola. Se alimentan de otros animales, lo que
favoreció su evolución.
Hemos visto en los libros de texto y otras publicaciones, escenas de
“hombres primitivos” cazando mamuts. No serían los únicos animales objeto de
estas prácticas, pero se alimentaban ya de otros animales. Según la idea más
común de la teoría evolutiva, este tipo de consumo contribuyó de algún modo
para transformar de manera radical el cerebro humano, el cuerpo humano y las
prácticas sociales y culturales de esos humanos “primitivos”. En muchos sitios
de youtube he escuchado el delirio que a muchos youtubers e influencers les
causa esta situación. No parece haber explicación ante un ataque aparentemente
irracional.
Sin embargo, no hay datos sobre si el asesino era esquizofrénico o tenía
algún tipo de problemas mentales. Lo evidente, es que fue a cometer un acto
cruel. Es decir, el video que circula en redes sociales cuando está en el
ascensor, rumbo al departamento de sus víctimas, no muestra a un individuo
enloquecido, sino a un hombre que va al lugar y sabe que le permitirán
ingresar, porque lo conocen. En este sentido, la hipótesis de que estaba mentalmente
afectado, sería un simple argot de sus abogados para pretender salvarlo de una
cadena perpetua por el atroz asesinato que cometió. Es la parte que agrega más
crueldad al caso: abogados defensores inventado lo que sea para salvar a su
cliente. Justificarlo ante un crimen atroz.
El caso muestra la crueldad humana en todas sus implicaciones. Pero los
crímenes atroces no solo suceden en contextos de alto perfil económico. Sin
prejuiciar, el objeto de tal asesinato atroz y su familia manejaba cuentas
realmente exorbitantes. No solo vivía en un área exclusiva de personas con
altos ingresos, sino que, al parecer, manejaba propiedades multimillonarias de
renta. ¿Por qué el asesinó ejecutó a toda una familia? Al parecer el asesino
estaba mentalmente afectado por dinero. Y decidió acabar con una familia
completa para ¿recuperar? el dinero que suponía suyo. ¿Pero era necesario el
multihomicidio que incluyó a una mujer embarazada, una niña de 3 años de edad y
una cuidadora de 21 años?
La crueldad humana tiene sus vericuetos. No es fácil pensarla,
confrontarla e intentar encontrar explicaciones. ¿Se anida en mentes perversas,
perturbadas? ¿O surge de situaciones extremas? ¿O es producto del odio, del
simple odio a alguien? ¿O es el cansancio de un humano que por condición de
clase se siente humillado y busca terminar con la situación por esta vía? Hay
más preguntas que respuestas. La crueldad humana parece ser parte de lo humano.
Los hornos de Hitler, el asesinato escalofriante en Gaza. Los genocidios en
África o Asia. Todo perpetrado por humanos. El otro no parece ser reconocido,
sino infravalorado. Hay que eliminarlo. Atroz.
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