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lunes, 9 de diciembre de 2024

Batallas culturales

 

¿De qué habla la derecha cuando plantea una “batalla cultural”, cuando en realidad su narrativa mediática está construida a partir de improperios, insultos, odio contra los progresistas y quienes votaron por el progresismo y las izquierdas? Las batallas “culturales” se sustentan en ideas y conceptos que apuntan, no solo a cuestionar lo que está vigente, sino también en argumentos articulados y cohesionados con un proyecto de nación que ofrezca alternativas. Porque la “batalla cultural” tiene que estar sustentada en propuestas, no solo en amenazas y odio. La izquierda y el progresismo, no construyeron la alternativa presente, en el caso de México, sino por medio del liderazgo fuerte de AMLO, quien conocía muy bien lo que sucedía en su entorno, y la organización social de un vigoroso movimiento social. La relación de AMLO con la gente, el pueblo, fue esencial para llegar al Poder Ejecutivo y negociar con parte de la oligarquía. La oposición que Claudio X. González pretende encabezar, con el PRIANRD como su mayor base política, no tiene alternativa, a menos que proponga, en su regreso, algo distinto a la 4T.

¿Qué proponen las derechas de regresar al poder? En el caso de Donald Trump, un accidentado camino de odio, desprecio, misoginia, racismo y clasismo, lo llevó de nuevo a la Casa Blanca, con un equipo de trabajo de extrema derecha y fascistas que han puesto en la mesa una “invasión suave” a México, deportaciones masivas de migrantes, alza de aranceles, anexión de Canadá y México para no “subsidiarlos”, una acusación infundada, antieconómica y nacionalista que afectaría a Estados Unidos, dada la integración económica y comercial entre los tres países de Norteamérica, espacio en el que México es ya el primer socio comercial de la Unión Americana. En el caso de Javier Milei, su libertarianismo recoge los restos del neoliberalismo, pero llevados al extremo de destruir un país, como Argentina. Desaparecer ministerios de Estado, restringir derechos, negar medicamentos y pensiones, restringir recursos a las universidades, despedir a miles de trabajadores, aumentar la pobreza y desarticular la economía interna. En resumen, quebrar a un país con un discurso y acciones en contra de la población argentina.

Si bien en las reuniones de Madrid y Buenos Aires, intervinieron otros conocidos derechistas y ultraderechistas, como Felipe Calderón, quien administró México por medio de un fraude electoral y la construcción de un narco Estado. Su gran “programa” incluyó una guerra esquizofrénica atroz, el saqueo del erario público –ingresos petroleros-, endeudamiento público creciente, pobreza imparable, desaparecidos, ejecuciones extrajudiciales, desprecio a los mexicanos, en general y a los jóvenes en particular. En el caso de Ricardo Salinas Pliego, el empresario mexicano evasor de impuestos, quien ha construido su fortuna saqueando al gobierno, su narrativa basada en la violencia verbal –“gobiernícolas”, “zurdos que se regresen a las alcantarillas”, no tiene más que misoginia, desprecio, odio. Sus seguidores suponen que gobernar es golpear a sectores que lo rechazan abiertamente. La “batalla cultural” de la derecha no parece tener muchos rumbos alternativos.

Las batallas culturales son reales, pero en el caso de la derecha, es importante no confundir su odio, insultos, diatriba y desprecio en contra de sus opositores. Su “batalla cultural” parece reducirse a una guerra de narrativas, no de conceptos, categorías y proyectos de nación alternativos. La idea de las “narrativas” es un reduccionismo del debate de ideas y conocimientos sobre la realidad. La confrontación de narrativas reduce la lucha política, ideológica, conceptual, a “opiniones” personales o grupales. Por ejemplo, la misoginia no es una opinión, es una práctica patriarcal que violenta a las mujeres de diverso modo. Igualmente, el clasismo es una expresión de la opresión y la estructura de clases de una sociedad, en la que unos pocos tienen el poder económico para subyugar a otros grupos sociales, cuyo poder es limitado.

viernes, 6 de diciembre de 2024

La derecha y su “batalla cultural”

 

En Madrid y Buenos Aires, las derechas del mundo se reunieron para amenazar y denostar a sus enemigos: los “zurdos de mierda”, los “gobiernícolas”, los pueblos que al ejercer su derecho al voto decidieron el camino hacia el progresismo y la izquierda en general, hundiendo electoralmente a la derecha. Entre discursos insultantes y vacíos, sin proponer una ruta alterna, en el caso de México y otros países latinoamericanos, los encuentros dieron la voz al narcoexpresidente Felipe Calderón en España, y al evasor de impuestos Ricardo Salinas Pliego, cuya empresa Elektra ha perdido miles de millones de pesos. El empresario mexicano, ubicado entre los más ricos de México, lanzó el exabrupto de la “batalla cultural” de la derecha, con la intención de combatir a la izquierda y los gobiernos progresistas.

Sin embargo, la “batalla cultural” de la derecha, basada en insultos, saqueo, corrupción, evasión de impuestos y un libertarismo hueco, promotor de pobreza, como en la Argentina de Javier Milei, es una simple narrativa mediática, pues el campo del enfrentamiento entre derecha e izquierda no es cultural, sino político y económico. En su momento, el fallecido Carlos Castillo Peraza, argumentó que el PAN se había anotado un triunfo cultural; es decir, la defensa de la democracia por la derecha panista había alcanzado cierta pretensión paradigmática, la que se precipitó al vacío tras las famosas concertacesiones con Carlos Salinas de Gortari, el expresidente que ocupó el gobierno mexicano por un descomunal fraude electoral, y el triunfo de Vicente Fox y la continuidad con Felipe Calderón. La derecha mexicana y, en general, mundial, supone que el arribo de Donald Trump al gobierno de Estados Unidos hará la diferencia y los arropará.

El problema con la “batalla cultural” de la derecha mexicana y mundial, es que nada tiene que ver con el regreso de Trump a la Casa Blanca. El voto que impulsó a Trump no es producto de una “batalla cultural”, sino del hartazgo y el miedo inoculado a los anglosajones, blancos y ciertos sectores hispanos/latinos que suponen que los problemas de Estados Unidos –inmigración, seguridad, comercio, adicciones- están afuera, no en su sueño americano. De ningún modo se puede ignorar el grito de guerra de la derecha mexicana e internacional con su idea de la “batalla cultural”, pero es necesario desmenuzarla analíticamente y centrar el debate en lo político y económico, no en una supuesta “cultura” de derecha, la cual se pretende presentar como un modelo a adoptar y celebrar. Los “zurdos de mierda” si han ganado culturalmente el debate, el gobierno y la narrativa. La derecha se revuelca en una “batalla cultural” en la que la corrupción, el saqueo y la delincuencia prevalecen.

La izquierda y el progresismo en América Latina, no solo gana elecciones, promueve la redistribución del ingreso, impulsa políticas sociales, también genera consciencia crítica. En México, más de 30 millones de mexicanos votaron por Claudia Sheinbaum y la continuidad de la 4T. Y acorde con las más recientes encuestas, 74% de los ciudadanos la apoyan; es decir, a dos meses de haber iniciado su mandato, más mexicanos aprueban a la presidenta de México y su expectativa por los cambios se mantiene y crece. Pero la mayoría de esos mexicanos no pueden ser encasillados como gente de izquierda. En el país prevalecen formas ideológicas y culturales conservadoras, que, al parecer fueron tocados por las expectativas políticas de un líder social y político como AMLO, generando una consciencia crítica alimentada por los mismos partidos políticos de derecha. Corrupción, saqueo, inseguridad, violencia contra las mujeres, abusos de todo tipo, han influido en esa expectativa. Cambio cultural fundamental.

Sin duda, el libertarismo de la extrema derecha y el fascismo latinoamericano no puede convocar a una “batalla cultural”, porque su narrativa no está anclada en conceptos e ideas novedosas, sino en insultos, bravuconadas, odio, racismo, clasismo, desprecio a la gente y la democracia.