jueves, 28 de noviembre de 2024

La recomposición del Estado mexicano: los “órganos autónomos constitucionales”

 

La reforma constitucional que devolvió a PEMEX y CFE su carácter de empresas estatales, la reforma judicial, así como la desaparición de los llamados “órganos autónomos constitucionales”, tienen el efecto de devolver atribuciones y funciones al Estado mexicano. Como empresas “productivas”, PEMEX y CFE estaban sujetas a los vaivenes del mercado, en el que las empresas privadas eran privilegiadas, recibiendo incluso subsidios multimillonarios. La reforma judicial, no se trata nada más de que los mexicanos elijan a jueces, magistrados y ministros, sino también rehacer al Poder Judicial que está al servicio de políticos, partidos políticos, empresarios y empresas extranjeras y nacionales, y la oligarquía. Los “órganos autónomos constitucionales” cercenaron funciones esenciales al Estado, además de que los gobiernos neoliberales, al plasmarlos en la Constitución, buscaron proteger a instancias garantes de privilegios, empresas nacionales y extranjeras, información y grupos de supuestos expertos que no podían ser cuestionados.

Durante tres décadas, el neoliberalismo buscó transformar la estructura económica y social, por medio de reformas constitucionales que favorecieran al mercado, las transnacionales y las empresas nacionales. Por ejemplo, es el caso de los “órganos autónomos constitucionales” que operaron bajo la idea de la “preponderancia” para marginar y quebrar a las empresas del Estado mexicano, mientras protegían las inversiones privadas y a las empresas transnacionales y mexicanas. Según la derecha en el Congreso de la Unión, la 4T acabó con “contrapesos”, lo que llevará al autoritarismo, pero en la Constitución no dice nada de estas instancias como “contrapesos”; solo se les daba la función de reguladoras (mercados de energías, telecomunicaciones, hidrocarburos, información, política social y educativa). Pretender convertirlas en “contrapesos”, oculta la naturaleza real de estos organismos que recibieron la protección de los gobiernos del PRIAN.

En los hechos, los “órganos autónomos constitucionales” desregulaban el mercado, al tomar sus comisionados y consejeros decisiones a favor de las empresas privadas, impidiendo a las empresas del Estado mexicano, competir realmente. Por ejemplo, la conectividad vía Internet era una atribución exclusiva de la iniciativa privada, porque si el gobierno pretendía intervenir en el mercado, le era aplicada la fórmula de la “preponderancia”; es decir, si se trataba de una empresa conformada con dinero público, de inmediato se le repelía, solo por ser parte del gobierno. No se trataba de competencia, competitividad e innovación, sino de salvaguardar un mercado que se suponía exclusivo del sector privado. El caso de la transparencia y la información –INAI- el organismo, además de que varios de sus comisionados estaban envueltos en escándalos de corrupción y saqueo del erario público, ocultó información que supuestamente era de importancia para la seguridad nacional, como el informe que Felipe Calderón entregó sobre su fatídica guerra contra el narco. Si bien, en otros casos favoreció la transparencia –la Estafa Maestra-, en otros colaboró con la oposición para inventar situaciones para golpear al gobierno –la casa gris.

Los años neoliberales aún no terminan, pero está en proceso el desmantelamiento de la estructura jurídica neoliberal. Con este hecho, el neoliberalismo en México no sucumbe de tajo, como cuando en los años dorados del salinismo, el zedillismo, el foxismo, el calderonismo y el peñanietismo, se impusieron sin consideraciones de ningún tipo reformas constitucionales para moldear el país acorde con las necesidades del mercado y del capital. Porque el neoliberalismo no solo se trató de los “órganos autónomos constitucionales”, sino de entregar dinero público, recursos naturales, tierras y privilegios fiscales, condonaciones de impuestos, a las elites económicas y políticas. Asimismo, estas instancias estuvieron sujetas al reparto de cuotas políticas y partidistas. Sus titulares y comisionados tenían vínculos evidentes con las elites económicas y políticas.

martes, 26 de noviembre de 2024

Las sentencias apocalípticas de la “izquierda buenaondita”

 

Si los obradoristas, morenistas, izquierdistas que apoyan a AMLO y Morena, AMLO mismo, se extasiaban con los pleitos al seno de las derechas, en las últimas semanas la derecha aplaude el pleito artificial orquestado por la izquierda buenaondita, particularmente la encabezada por Julio Astillero y sus amigos, como Federico Bonasso, además de la diatriba izquierdoide de los opinadores Hernán Gómez Bruera y Carlos Pérez Ricart, a raíz, primero de la aprobación de la reforma judicial, con el voto de uno de los impresentables senadores del PAN, Yunes, quien contribuyó a la mayoría calificada en el Senado de la República, lo que también causó una rabia furiosa entre esa izquierda buenaondita, y segundo, por la reelección de Rosario Piedra Ibarra, en la CNDH, la que, de manera imprudente e irracional, lanzó una diatriba en contra de sus odiadores izquierdo-buenaonditas, señalando a la dramaturga y opinadora, Sabina Berman, de ser parte de los ataques en su contra –lo cual es cierto.

En los últimos días, Julio Astillero pergeñó unas supuestas mesas de análisis con sus amigos –Federico Bonasso, Teresa Rodríguez de la Vega, Hernán Gómez Bruera- intentando justificar la diatriba de su izquierda buenaondita, en la que persisten varios asuntos que debería preocuparle a esa izquierda sectaria: toda su narrativa gira en torno a sus razones para “criticar” y lanzar sentencias apocalípticas en contra de Morena, el obradorismo, la presidenta Claudia Sheinbaum, retomando el tono de la derecha intelectual, pero frunciendo el ceño para que su auditorio crea que la izquierda buenaondita tiene la razón absoluta; la única verdad es la que estos personajes blanden y si Morena, los obradoristas y Claudia Sheinbaum, no se adaptan a la agenda izquierdo-buenaondita, la debacle está cerca. Pareciera que gente como Bonasso, Gómez Bruera, Pérez Ricart,  buscan llenar el hueco que los intelectuales de la derecha, Enrique Krauze, Héctor Aguilar Camín, la comentocracia de los medios corporativos, entre otros, dejaron con el arribo de AMLO.

La “izquierda buenaondita” tiene más escollos estalinistas e infantiles que certezas. Sus integrantes, autoadscritos a cierta izquierda radical, periodística, académica, opinadora, intelectual, marginal, argumentan desde agendas personales y maximalistas. Han encontrado el aplauso en algunos nichos youtuberos, en particular en el canal de Youtube de Julio Astillero, quien, con varios de sus amigos, pontifican sobre cómo sus agendas individuales deberían ser adoptadas, sí o sí, por el obradorismo, Morena, la 4T, la presidenta de México. Pero sus esquemas analíticos poco reconocen la realidad actual. Al leerlos, su narrativa resume el reclamo de una realidad que favorece a la derecha y al fascismo, no a al progresismo o la izquierda. Es curioso, pero su posición de “izquierda” se alinea más al recién extinto PRD, partido político que fue arrastrado por la derecha PRIAN.

Durante la etapa neoliberal en México, algunos grupos de intelectuales fueron entronizados en la agenda cultural por medio de “apoyos” de los gobiernos neoliberales. Les pagaron encuentros, congresos y diversas reuniones; les otorgaron recursos por supuestos trabajos de alto nivel o de manera directa para aceitar sus “empresas culturales”, es decir, revistas, editoriales, edición de libros, opiniones a modo. No es lo que la izquierda buenaondita ansía. De eso no hay duda. Son pudorosos y honestos, pero si buscan ocupar el lugar de la intelectualidad derechista neoliberal. El fraude intelectual del neoliberalismo, busca ser sustituido, bajo circunstancias distintas con un gobierno progresista que domina el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, con la agenda de la izquierda buenaondita. La crítica de este sector de la izquierda mexicana, es necesaria y válida, pero no puede ser presentada como la “verdad absoluta” sobre lo que un gobierno progresista realiza. Al parecer, la izquierda buenaondita está construyendo, como la derecha, su propia realidad alterna. Una locura del fraude intelectual.