jueves, 8 de enero de 2026

¿Moralidad Trumpista?

 

El New York Times está publicando una larga entrevista que incomodará a muchos, incluso el mismo Donald Trump, por las respuestas que dio a los reporteros del Times. En la primera parte de las respuestas dadas a Zolan Kanno-Youngs, Tyler Pager, Katie Rogers y David E. Sanger, afirma que solo “My own morality. My own mind. It’s the only thing that can stop me” (mi propia moralidad, mi propia mente, es lo único que puede detenerme). Es sabido que está condenado por el sistema de justicia estadounidense por más de 30 delitos, aunque no lo pueden encarcelar por ser el presidente de Estados Unidos, y los archivos de Jeffrey Epstein, no solo lo ligan, sino lo involucran directamente con actos pedófilos y abusivos en contra de mujeres menores de edad. A esa moralidad apela, aunque es la inmoralidad de un mandatario que supone que el mundo tiene que rendirse a sus perversiones.

La primera parte de la entrevista del New York Times (08/01/2026), es reveladora. Donald Trump expresa con claridad que su moralina conducta en torno a su propio país y al mundo externo son retorcidas. En Minneapolis, fue asesinada una escritora, poeta, madre, mujer por un sicario del ICE. No solo esa instancia represora y asesina de inmigrantes y ciudadanos de Estados Unidos –la mujer, aunque es indebido lo que voy a decir, era blanca, de clase media, WASP-, fue justificada por Trump acusándola de “izquierdista radical”, pero los videos lo desmienten de manera indignante. La mujer no era “radical”, era una madre clasemediera blanca que bloqueó al ICE para proteger a los inmigrantes que estaban siendo reprimidos. La mujer intentó moverse de manera lenta, sin amenazar a nadie, pero el odio de un agente de ICE, ese odio alimentado por la “moral” de Donald Trump, la asesinó a sangre fría.

En este contexto, vale la pena preguntarse si ese agente de ICE tendrá remordimientos sobre el asesinato que cometió y si sabe que es un asesino, un homicida, a quien un uniforme antiinmigrante le da “permiso” para asesinar, incluso a una ciudadana estadounidense blanca. Hago hincapié, indebidamente en este aspecto, pero tenemos que entender que Estados Unidos es una sociedad profundamente racializada. Millones de estadounidenses creen en la falacia y la fantasía de las razas, las cuales se basan, básicamente, en el color de la piel y algunos estudios sesgados y racializados sobre supuestas diferencias “mentales” entre personas de diferente color de la piel. La humanidad no es una raza o muchas razas. Es la humanidad. Diferentes procesos adaptativos a climas, geografías, regiones, etc., pudieron dar pie al surgimiento de diferencias en el color de la piel, los ojos –en el caso de los ojos claros se ha comprobado que es una anomalía genética, no una distinción racial-, el cabello.

Sin embargo, el moralismo Trumpista y de MAGA, no están dispuestos a aceptar las diferencias humanas, las que, incluso, como en el caso de muchas denominaciones cristianas protestantes, intentan justificar con sus biblias. Es el caso de los cristianos pentecostales. La diversidad de grupos, algunos anclados en interpretaciones muy cercanas a la moralidad Trumpista, suponen que las diferencias humanas son naturales porque su dios así lo quiso. El mundo está ahora atrapado en la moralidad de un individuo que mentalmente está limitado, e incluso supone que la supremacía de Estados Unidos es la supremacía de grupúsculos de blancos –WASP- que deben prevalecer por encima de otros humanos. Esa es la moralidad de Trump. Y al parecer, no tiene límites. Muchos analistas, incluso AMLO, han planteado que los halcones son los que definen las acciones de Trump, pero con esta primera parte de la entrevista del Times, nos damos cuenta que la perversa moralidad/inmoralidad de Trump es lo que prevalece. No es que la oligarquía, el complejo militar-industrial y el Deep State no sean actores importantes en las inmoralidades de Trump, pero usan a un individuo que, al parecer, no solo es moralmente inmoral, sino que es mentalmente extraño.

miércoles, 7 de enero de 2026

Es el petróleo, estúpido

 

Da pena ajena leer algunos posicionamientos de los otrora intelectuales de los gobiernos mexicanos neoliberales. Apapachados hasta que los hicieron millonarios, por medio de la compra de sus inútiles libros y revistas, dedicados a tergiversar la historia de México y justificar las desigualdades, la pobreza y la concentración de la riqueza en pocas manos, hoy pocos los escuchan y los leen. La reacción de esa “intelectualidad” es vergonzosa, peor la de la comentocracia que rayonea las páginas de “opinión” de la prensa corporativa golpista, con su odio y mentiras, es peor. Es el caso de Enrique Krauze en el periódico fascistoide Reforma, dirigido por un izquierdoide que se rindió al odio en contra de AMLO, Morena y la 4T, por unas migajas.

El aplaudido intelectual derechista, que se convirtió en millonario con recursos públicos, como algunos empresarios hoy multimillonarios, escribió, ante la invasión a Venezuela y el secuestro del presidente Nicolás Maduro, que venía la recuperación de ese país, antes “sumido” en la dictadura chavista. Ahora, palabras más, palabras menos, llegó la “democracia”. No tardó el propio Donald Trump en contradecir a todos los que lo aplaudieron en nombre de la “libertad” y la “democracia”: es el petróleo, estúpidos. Efectivamente, a Donald Trump no le interesa la democracia y la libertad, le interesan los recursos naturales de los países que pueda y quiera invadir. Los ciudadanos y gobiernos de los países invadidos, son un obstáculo para la oligarquía estadounidense, el complejo militar-industrial y el Deep State.

No hay duda que la libertad y la democracia son simples eufemismos para Estados Unidos y Donald Trump. La embestida del imperio en decadencia, buscando recuperar la hegemonía perdida, es clara: recursos naturales para su industria militar (petróleo, litio y otras tierras raras). En ese país la situación económica empeora para millones de estadounidenses e inmigrantes. Los segundos son los que se están llevando la peor parte, aunque el estadounidense medio no ha reducido su ritmo de gastos, endeudándose con sus tarjetas de crédito, mientras la inflación sigue alta, también está en apuros. Solo los millonarios y multimillonarios están de fiesta. Estos últimos llevarán sus dólares a Venezuela para adueñarse del petróleo. Porque hay que repetirlo: es el petróleo, estúpido. Y la fascista María Corina Machado fue echa a un lado.

El amo de Estados Unidos, Donald Trump, no va a compartir su supuesto “triunfo” con una mediocre fascista, quien estuvo promoviendo, no solo la invasión de Estados Unidos a Venezuela, sino también que ese país se apropie del petróleo venezolano y otros recursos naturales. La oposición venezolana, como la oposición en otros países latinoamericanos son prescindibles. El embajador de Argentina en la ONU y el presidente Noboa de Ecuador, hicieron un gran ridículo afirmando que tenían informes de inteligencia sobre la supuesta existencia u operación del “Cartel de los Soles”, mentira que se les cayó unos días después cuando el propio Departamento de Estado precisó que ese cartel no existe, sino que se refiere a una red de corrupción.

Así como se deshizo de Corina Machado y su falderito, supuesto presidente de Venezuela, autoexiliado en España, lo hará con el delincuente fiscal Ricardo Salinas Pliego, Alito Moreno, Lilly Téllez, Ricardo Anaya y la caterva de supuestos opinadores e intelectuales derechistas mexicanos. Son su comparsa, pero son prescindibles. Para Trump está claro que le interesa el petróleo. Ahora anuncia que Venezuela le “entregará”, no comprará, entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo. Es el saqueo, la depredación. El capitalismo salvaje en su mayor expresión. Igualmente, esta situación hasta ha dejado con un pasmo y con la lengua mordida a algunos sectores de la izquierda mexicana que, por un lado, reclaman que el gobierno mexicano se radicalice, y por el otro, rechazaban la revolución bolivariana. Es el petróleo, estúpido, no la democracia, menos la libertad. Es un acto terrorista del imperialismo.