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domingo, 26 de enero de 2025

El fin de la globalización

 

El neoliberalismo globalista va de salida, aunque organismos como el FMI, BM, BID, lo siguen promocionando como la quinta esencia del capitalismo global y salvaje. Sus notorios fracasos, irrepetibles a pesar del sangriento experimento dictatorial en Chile, ya no convencen a muchos. El arribo de Donald Trump al imperio, con el ímpetu de relanzar una “nueva era dorada”, acabará de enterrar, no solo a la globalización, sino también a las transnacionales y multimillonarios que no se plieguen a sus irracionales deseos. No es nuevo. Durante su primer mandato cuestionó y desmontó buena parte del entramado global del que Estados Unidos era parte esencial. Pero internamente se le impusieron algunos obstáculos. En esta nueva administración, decidió rodearse de halcones y depredadores capitalistas que seguirán sus órdenes, porque representan al capitalismo salvaje también. No hay, entre sus funcionarios, moderados. La rapacidad del capitalismo depredador será la consigna principal del imperio.

A fines del siglo XX, la globalización se erigió en la respuesta a la caída de la tasa de ganancia, pues las formas de acumulación capitalista parecían estar restringidas. Con el Consenso de Washington, que implicó represión y acabar con sindicatos y movilizaciones –Gran Bretaña, Estados Unidos-, el fordismo llegó a su fin. Las grandes fábricas fueron fragmentadas. Todos los procesos productivos fueron divididos en diversos lugares del mundo, buscando, sobre todo mano de obra barata, pero también la libre circulación del capital financiero. Se abrió así un periodo globalizante en el que, para obtener un producto final, en múltiples países se armaba. Se habló entonces de competitividad e innovación. Los mercados estaban en auge. Todo era regulado por la mano invisible. El neoliberalismo se impuso. El atroz experimento en Chile era ahora realidad cobijado por las democracias occidentales.

La globalización y el neoliberalismo fueron, finalmente, un alivio a las crisis cíclicas del capitalismo, mientras la tasa de ganancia y la concentración de la riqueza en pocas manos seguía su trayecto. En el caso de México, el PRI, con Carlos Salinas de Gortari en la presidencia, se afianzaron ambos: globalización y neoliberalismo. De la reestructuración productiva de Miguel de la Madrid, se pasó al capitalismo que devoró las empresas estatales, empequeñeció al Estado, repartió dinero para que ONG y OSC se encargaran de “administrar” los derechos humanos y cualquier asunto que el Estado neoliberal desechó. Durante 30 años, la globalización neoliberal se impuso, a costa de lo glocal –terminajo inventado por la sociología funcionalista para justificar arrasar las culturas y sociedades locales.

Donald Trump, desde su primer mandato, intentó acabar con la globalización. Varios de sus decretazos en su actual mandato, son repetición de lo hecho antes. En hecho es que ahora conformó un gabinete fascista que está dispuesto a llevar a cabo sus perversos y mojigatos sueños. Acabar con la diversidad sexual, al menos discursiva y legalmente; desarticular cualquier forma de igualdad en el empleo; repeler los acuerdos para mitigar el cambio climático; convertir en política pública la aversión de unos cuantos en contra de las vacunas; hacer del uso de combustibles fósiles norma; desarticular los esfuerzos mundiales y estadounidenses por regular la migración, entre otros asuntos, dan dirección a una empresa imperialista fascista. No es solo que el fascismo esté de regreso –en realidad el nazismo es una creación del extremismo estadounidense con sus KKK, racismo y odio a lo diferente-, sino que el imperio está dispuesto a ponerlo en práctica.

En realidad, la globalización y el neoliberalismo sucumbieron hace mucho, a pesar de que el FMI, el BM, el BID, lo sigan promoviendo. Donald Trump es su sepulturero. Para los fascistas, el capitalismo es interno al imperio. Su discurso en el foro de Davos es claro. Las empresas globalistas tienen que regresar a Estados Unidos para la “nueva era dorada”. Si no, aranceles.

sábado, 18 de enero de 2025

El complejo industrial-militar, redes sociales y los súper ricos

 

En su última alocución, Joe Biden, el presidente de Estados Unidos más mediocre y genocida de ese país, alertó sobre el gobierno de los súper ricos llegando a la Casa Blanca. Otra advertencia anodina y mediocre de un anciano senil que tuvo que ser sustituido por una afroindoamericana que tampoco hizo nada por refrendar una perspectiva demócrata que rescatara del desastre a su propio país. A dos días de tomar posesión del gobierno, Donald Trump obliga a Netanyahu a aceptar una tregua entre el Estado sionista genocida de Israel con Hamas. Seguro lo mismo le espera al comediante de 5ª Zelenski en la guerra con Rusia. Lo que demuestra que Biden, Blinken y el complejo militar-industrial, no solo actuaron por cuestiones de mercado, sino también por la intención de eliminar a una parte de la humanidad, los palestinos.

Acorde con algunas notas periodísticas, Donald Trump intentará, en sus próximos cuatro años de gobierno, de desmantelar el llamado “Deep State”, con el poderío que le confiere tener a los más ricos del mundo a su favor. Elon Musk no declinará sus intereses por políticos y conspiradores ocultos que le ponen obstáculos a sus negocios. Tampoco la oligarquía, con sus transnacionales que buscan depredar al mundo –lo que queda- para aumentar sus riquezas. Menos el complejo militar-industrial que, aunque Trump frene sus guerras, continuará produciendo y mejorando sus armas para aniquilar humanos en todo el orbe. Y las redes sociales se convertirán en un campo propicio. En X, propiedad de Elon Musk, la batalla entre fascistas, odiadores y algunos que defienden realmente la libertad de expresión y el derecho a la información sigue. En el conglomerado de Meta, propiedad del judío sionista Marck Zuckerberg, se acaba de abrir la apuesta: fuera verificadores, venga todo el odio fascista.

Joe Biden es un hipócrita. Su último discurso solo repite lo que está en marcha. El día de la toma de posesión de Donald Trump, habrá, a juzgar por los invitados, una especie de aquelarre derechista y fascista. Invitó solo a quienes podrían “acompañarlo” con sus decisiones extremas, pero a quienes quizás no acompañe en sus próximos golpes de Estado, como es el caso de Noboa, en campaña en una reelección que podría resultar en un monumental fraude electoral, o Milei, que después de colapsar Argentina, a pesar de las loas del FMI por haber bajado la inflación, pero con una pobreza indescriptible, galopante y trágica. Claro, al FMI y el BM, con sus más recientes pronósticos, solo le importan si sus presagios resultan y si el modelo neoliberal, el capitalismo salvaje, devastador, esclavizador, se cumplen. A ambos organismos multilaterales, como a la OCDE, al BID y otros nada les importa la humanidad.

A Donald Trump y a su gabinete nada les importa la debacle humanitaria. Aseguró ya que Estados Unidos se saldría de la OMS y, recientemente, la FED, que pronto estará a manos de seguidores fascistas de Trump, se retiró del mecanismo que monitorea el cambio climático. Y claro, todos sus funcionarios están a favor del fracking, la agricultura transgénica, la explotación hasta el colapso de los recursos naturales de ese país y, particularmente, de otros países. Los cuales obtendrá a la fuerza. Es el caso del petróleo y otros minerales de Venezuela y Groenlandia. La recuperación del imperio le llevará al fascista Trump cuatro años a marcha forzada. Por eso nombró a sus halcones. No busca acuerdos, sino imponer irracionales y estúpidas demandas. Si, por un lado, doblegó a Netanyahu a pactar una tregua con Hamas, lo que no augura el fin del genocidio, por otro lado, seguro hará lo mismo con Zelenski, no implica un mundo pacífico, como le dijo a Xi Jinping, el líder chino, sino el intento de reconstruir un mundo bipolar liderado por Estados Unidos.

Detrás de ese mundo bipolar está, sin duda, el complejo militar-industrial, las racistas, odiadoras, fascistas, misóginas redes sociales y las oligarquías globales. El sueño de George Soros se hará realidad, pero para promover un mundo fascista. Es el resultado de la globalización.

martes, 10 de septiembre de 2024

Neoliberalismo y Poder Judicial

 

Es claro que la defensa ilegal, mentirosa y belicosa del Poder Judicial, va más allá de los privilegios, abusos, complicidades y uso faccioso de la ley a favor de la delincuencia de cuello blanco, la delincuencia organizada, los políticos corruptos y la oligarquía. A inicios de su sexenio, AMLO declaró extinto el neoliberalismo, pero fue en realidad una narrativa política que favoreció la concientización de millones de mexicanos, porque el programa neoliberal sigue vigente. Los mejores ejemplos, son los bancos, cuyas obscenas ganancias ascendieron a más de 200 mil millones de pesos el año pasado, y la concentración de riqueza y poder en pocas manos, destacando un puñado de mexicanos y sus familias con miles de millones de dólares en sus arcas. En ambos casos, ganancias y enriquecimiento son producto de las políticas neoliberales que delinearon durante más de 30 años el saqueo y corrupción en México.

La injerencista postura de congresistas estadounidenses, republicanos y demócratas, inventando una supuesta afectación de la reforma judicial al TMEC, es clara: no están defendiendo la democracia, sino a las corporaciones de su país y el saqueo y corrupción que han practicado durante siglos en México, con la venia de la derecha y el Poder Judicial, en diferentes momentos de la historia mexicana. De acuerdo con esa carta, el maíz transgénico, el fracking, el litio, el sector eléctrico, las instancias supuestamente reguladoras y autónomas, destacan en su defensa. Es decir, sus alegatos, además de mentirosos, manipuladores, injerencistas, imperialistas, buscan que el Poder Judicial mexicano siga como está, pues las corporaciones, transnacionales y demás empresas estadounidenses, usan cotidianamente al Poder Judicial para imponer sus intereses corporativos. El maíz transgénico, de una industria altamente subsidiada por el gobierno de Estados Unidos, busca ser impuesto al pueblo mexicano, a costa de su producción y alimentación milenaria.

El fracking es una de las prácticas extractivas más contaminantes, invasivas y ambientalmente insostenibles. Contamina el agua a raudales y provoca daños irreversibles, pero a las corporaciones estadounidenses lo que menos les importa es el cambio climático y el ambiente. Les importan los negocios, el dinero. El litio es un material que en las recientes décadas adquirió gran importancia, particularmente para el desarrollo de tecnologías supuestamente limpias. La industria automotriz e informática, encabezan la lista de las ambiciones del capitalismo salvaje. Y las transnacionales estadounidenses buscan apropiárselo para su beneficio sin importar el daño ambiental. El sector eléctrico es una de las industrias más deseadas, sobre todo por los subsidios gubernamentales que favorecen a los privados y las ganancias de un mercado desregulado.

Los órganos supuestamente reguladores y autónomos, fueron instancias impuestas por el FMI, BM, BID, acorde con las políticas neoliberales, cuyo principal interés es favorecer a las corporaciones extranjeras y nacionales, desregulando el mercado, imponiendo prácticas empresariales y reduciendo la operación de las empresas estatales. Organismos como la COFECE, INAI, entre otros, no responden a los intereses de la ciudadanía –usuarios y consumidores, acorde con la terminología neoliberal que desfigura a las personas y las convierte en simples individuos compradores- sino a lo que a las empresas privadas importa. Por ejemplo, en el sector eléctrico, se impusieron una serie de normas que usaban la red eléctrica nacional y el presupuesto público a favor de las transnacionales, las que imponían las tarifas eléctricas que se les antojaban. El INAI, suele restringir datos y sospechosas acciones fraudulentas de políticos, empresarios y empresas, además de que sus “consejeros” viven con grandes privilegios.

Sin duda, la defensa del Poder Judicial es la defensa del neoliberalismo que aún subsiste. Un neoliberalismo declarado políticamente extinto por AMLO para promover la concientización de México. Transformar el Poder Judicial, será, ahora sí, declarar la muerte neoliberal.